
“ Las empresas agroexportadoras de Ica han dejado a la población sin agua.” Así dicen los detractores del agro iqueño, entre los que figuran representantes de instituciones tan renombradas como la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), el Grupo de Análisis para el Desarrollo (GRADE), el Centro Peruano de Estudios Sociales (CEPES), la Comisión de Derechos Humanos de Ica (CODEH ICA), el Instituto de Defensa Legal (IDL), entre otros. Nuestra agroexportación, incluso, tiene detractores internacionales: Oxfam, Water Witness, Diakonia y varios más.
Bueno pues, el entrecomillado del párrafo anterior es falso y malintencionado, como muchas aseveraciones sesgadas e ideologizadas respecto de la agricultura exportadora de nuestro país. La verdad es que el Perú tiene agua, mucha agua. Ica, igual. En todo el país, en temporadas de lluvias, botamos cualquier cantidad de agua dulce al mar. Y en los estiajes, tenemos agua para uso poblacional, más que suficiente, de pozos y otras fuentes naturales.
Gran parte de nuestra población no tiene agua potable en sus casas por el fallido sistema municipal de agua y saneamiento. En realidad, el problema son los alcaldes y regidores corruptos que están involucrados en el vil negocio de la venta de agua en camiones cisterna. Hace poco estuve en Barrio Chino (en el distrito de Salas Guadalupe, en Ica). Efectivamente, la gente no tiene agua potable continua en sus casas. En el mejor de los casos, algunos tienen agua un par de horas al día.
Pero otros, muchos, ni siquiera tienen acceso a la red de EMAPA Salas, la empresa municipal encargada de brindar agua y desagüe. Ergo, la gente de Barrio Chino tiene que comprar agua, carísima, a proveedores de agua particulares. Proveedores que suministran el agua desde camiones cisterna, que la gente guarda en cilindros caseros, donde, ya se sabe, se reproducen los zancudos propagadores del temible dengue. En Barrio Chino, pues, como en todo el país, se presentan las perniciosas consecuencias de nuestro Estado fallido, el cual se manifiesta en la carencia de servicios mínimamente adecuados de agua, salud, educación y seguridad. La táctica de las mafias del agua es muy simple: descuidar la PTAR.
La PTAR es la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales. Muchos centros poblados de nuestro país tienen su PTAR inoperativa. La “explicación” es siempre la misma: falta de presupuesto. El hecho es que, inhabilitada la PTAR, se restringe el suministro de agua a la población porque la red colapsa: el desagüe aflora por los inodoros de las casas y aparecen miles de charcos pestilentes, nauseabundos e insoportables. Así, los operadores municipales se ven “obligados” a cortar el suministro de agua para que entren a tallar los camiones cisterna, y el negocio continúa viento en popa. Me consta que algunas empresas iqueñas han ofrecido suministrar agua potable continua para la población de Barrio Chino.
A manera de ilustración, un pozo de 40 litros por segundo, unito nomás, bastaría para atender las necesidades de un centro poblado de 30 mil personas. O sea, más que toda la población de Barrio Chino. Las propuestas empresariales incluyen la rehabilitación y operación de la PTAR sin costo alguno para la municipalidad. Pero no, la respuesta, hasta ahora, ha sido negativa. Claramente, no quieren, no les conviene, que la población tenga buenos servicios de agua y desagüe. Profesionalicemos, despoliticemos, los servicios municipales de agua y desagüe para que Barrio Chino, y muchos pueblos de nuestro país, dejen de ser poblaciones sin agua y sin futuro.
(*) Exgobernador regional de Ica.
