Opinión

Un clic que puede cambiarnos la vida

Por: Rafael Velásquez Soriano

Nunca imaginamos que una acción tan cotidiana como abrir un mensaje o pulsar un enlace pueda cambiar nuestra vida de un momento a otro. Detrás de una aparente comunicación del banco, una oferta irresistible o una llamada inesperada, puede esconderse una estafa capaz de arrebatarnos los ahorros, la tranquilidad y hasta la confianza en los demás.

Según denuncias recibidas en el Ministerio Público, entre enero y julio de 2026 se registraron 29.118 denuncias por delitos informáticos en el Perú, de las cuales 19.602 correspondieron a fraude informático y 7.431 a suplantación de identidad, dos modalidades que concentraron más del 92 % de los casos reportados.

Sin duda, uno de los mayores peligros es que estos engaños apelan a nuestras emociones, pues los delincuentes se aprovechan del miedo, la urgencia o la ilusión de obtener un beneficio para conseguir claves, datos personales o transferencias de dinero. Lo preocupante es que nadie está completamente libre de caer en estas trampas, por más cuidadoso que crea ser.

Por eso, considero fundamental desconfiar de los enlaces sospechosos, no compartir contraseñas ni códigos de verificación y confirmar cualquier operación por los canales oficiales. También debemos aprender a reconocer estas amenazas y conversar sobre ellas en familia, porque una advertencia a tiempo puede evitar una pérdida que después resulte muy difícil de afrontar.

“Según el Ministerio Público, entre enero y julio de 2026 se registraron 29.118 denuncias por delitos informáticos en Perú”.

Sin embargo, la prevención no puede recaer únicamente en los ciudadanos, ya que las entidades financieras deben fortalecer sus mecanismos de seguridad, detectar operaciones inusuales y facilitar una atención oportuna ante posibles fraudes.

Asimismo, el Estado debe reforzar la investigación de estos delitos y promover campañas de educación digital que lleguen a toda la población.

También me preocupa que, detrás de cada estafa, pueda existir una familia que pierde el dinero destinado a sus necesidades, una persona que ve desaparecer sus ahorros o alguien que siente vergüenza de denunciar lo ocurrido. Por eso, no debemos juzgar a las víctimas, sino facilitar las denuncias, orientar a los afectados y recordar que actuar rápidamente puede ayudar a activar los mecanismos de atención, aunque no garantice recuperar el dinero.

La tecnología debe servir para acercarnos, facilitarnos la vida y abrir oportunidades. Por ello, debemos proteger nuestros datos, nuestro dinero y nuestra tranquilidad, con el respaldo de las entidades financieras y una justicia capaz de responder, porque un clic puede cambiarnos la vida.

*Abogado y exdecano del Colegio de Contadores Públicos de Lima

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