Favio Kral: del baile en secreto en su habitación a construir una nueva etapa como referente del fitness y la danza
El bailarín, coreógrafo e instructor de fitness recuerda sus inicios, los años de trabajo en gimnasios, su paso por grandes producciones

Favio Kral tenía apenas 10 o 12 años cuando comenzó a bailar a escondidas en su habitación. Sin público y sin escenarios, armaba sus propias presentaciones, como si desde entonces supiera que algún día el baile ocuparía un lugar importante en su vida. Sin embargo, su ingreso formal a este mundo ocurrió muchos años después, casi por casualidad. En 2002, mientras trabajaba como administrador de un casino y acudía por primera vez a un gimnasio para entrenar musculación, quedó fascinado con la energía de las clases de baile que veía desde afuera. “Yo decía, voy a entrar. Pum, comencé”, recuerda.
Durante sus primeros años fue alumno y se ubicaba al fondo del salón, hasta que sus profesores comenzaron a notar que tenía algo distinto. “Siempre tenía el ritmo, tenía aquí la cosita esta del swing”, cuenta. Poco a poco fue acercándose al frente y terminó subiendo a la tarima para acompañar al profesor. El axé fue uno de sus primeros territorios y “El Siquisiqui”, una de las canciones que recuerda de aquellos inicios. Dos años después de comenzar como alumno ya estaba dictando clases. “Una cosa es bailar y otra cosa es dirigir una clase”, señala al recordar el momento en que recibió la oportunidad de enseñar.
Su crecimiento fue rápido. Pasó por diferentes sedes y llegó a dictar cerca de 30 horas semanales. Pero lo que inicialmente había sido una pasión comenzó a convertirse en una obligación. “Ya no lo disfrutaba, sino que era un tengo que”, admite. Después de aproximadamente 13 años decidió detenerse para buscar una formación que le permitiera complementar aquella experiencia empírica. Estudió en la universidad, exploró el teatro y llegó a crear su propia escuela, Arte y Pasión, donde tuvo como profesores a profesionales como Carlos Pizarrias, Daniela Zanfatti y Paul Gastelo. El proyecto no prosperó como esperaba, pero Kral asegura que aquella experiencia no lo hizo dejar de apostar por sus propias ideas.
Su carrera también lo llevó a trabajar detrás de producciones y campañas comerciales. Para un espectáculo de María Pía Copello montó 14 coreografías y trabajó con un elenco de niños. También participó en alrededor de 25 comerciales para diferentes marcas, incluyendo campañas para Coca-Cola y Donofrio. Entre sus trabajos recuerda especialmente una producción junto al Grupo 5 en la que estuvo a cargo de la coreografía para la agrupación y cerca de 40 extras. “El más top es el del Grupo 5 de Donofrio, el baile del verano”, recuerda sobre aquella experiencia.
Pero detrás de esa trayectoria también existe una transformación personal que Kral considera determinante. Reconoce que atravesó una etapa de excesos y una vida que terminó alejándose de la disciplina. “Pisé fondo y dije que hay tantas cosas que estaba perdiendo”, afirma. A partir de ese momento comenzó a construir nuevos hábitos, desde la puntualidad hasta sus horarios de sueño. Hoy cuenta que, si tiene que trabajar a las siete de la mañana, puede levantarse a las cuatro y media para ordenar su casa, atender a sus gatos, preparar su desayuno y tomarse un momento antes de comenzar el día. “Son hábitos que ya se han convertido para mí en una manera de ser”, sostiene.
La disciplina también cambió su manera de enseñar. El Favio de hoy, asegura, es distinto al de hace una década. “Si tú ves al Fabio que dictaba hace 10 años, al Fabio que dicta ahora, son dos personas distintas”, afirma. Su metodología actual busca ser más personalizada y empática, mientras intenta mantener una relación profesional con sus alumnos y con los espacios donde trabaja. En paralelo, su acercamiento a la fe se convirtió en otro de los pilares de esta nueva etapa. “Me dediqué a poner a Dios siempre en el primer lugar en mi vida”, explica.
Ahora, después de más de dos décadas vinculadas al baile, Kral busca ampliar nuevamente sus horizontes. Ha puesto en marcha un podcast, Fit Sin Filtro, que nació como una idea sencilla —sentarse en casa con un micrófono e invitar a un amigo a conversar— y que hoy pretende convertirse también en una plataforma de entretenimiento y un proyecto vinculado a marcas. “El objetivo principal del podcast es diversión, chongo, lúdico”, explica. Pero detrás de esa propuesta existe una ambición mayor: construir una identidad propia que trascienda las clases y el gimnasio. “Quiero que se vea mediante mi trabajo y mi talento. Algo real”, sentencia. Para Favio Kral, la nueva tarima ya no necesariamente tiene forma de escenario: puede ser un salón de baile, una producción, una conversación frente a un micrófono o cualquier espacio donde pueda demostrar aquello que lleva haciendo desde niño.




