Opinión

Resiliencia policial

Por: José Luis Gil

En las siguientes líneas no se pretende justificar la grave situación de corrupción que existe en las filas de la Policía Nacional. La infiltración en algunas áreas sensibles de la PNP y las prácticas criminales descubiertas son denunciadas de manera recurrente, tanto por la prensa como por los mismos ciudadanos, y nada de esto justifica el fenómeno de corrupción que existe hoy en la institución policial.

Tampoco queremos estar en la línea de “mal de muchos, consuelo de tontos” cuando decimos que la corrupción es generalizada en el Perú, porque todos los organismos del Estado han sido “tocados” por este mal.

Sin embargo, es justo también reconocer que la PNP es la única entidad del Estado resiliente, que realmente ha asumido la responsabilidad de limpiar la institución, hacer un acto higiénico en sus filas y la única que hasta ahora detecta, vigila, persigue, detiene, encarcela y expulsa de la institución a estos criminales. Ninguna otra institución lo hace con tanto ahínco y eficacia como la PNP, ninguna.

Por otro lado, la corriente progresista (caviar) que ha hecho sus “esfuerzos” desde hace más de 40 años por debilitar, relativizar y socavar a la PNP. Por ejemplo, la aparición de una mano “extraña” que cambió el texto constitucional de 1979 al de 1993, en el que “sutilmente” se le dio la “dirección de la investigación del delito desde sus inicios” al Ministerio Público, pasando por una serie de normas que limitaban las capacidades de accionar o disparar contra los criminales de la PNP, metiéndose incluso en las escuelas de formación, trastocando la disciplina castrense, que es y debe ser dura en todas partes del mundo, para tener una fuerza decidida y sólida para mantener y restablecer el orden interno.

Asimismo, las limitaciones en el presupuesto económico, logístico y de recursos humanos, así como el manoseo de la oficialidad, de los generales, cambiando directores al destajo y de manera irresponsable, promoviendo la mediocridad, la inestabilidad o las ambiciones de ascender de cualquier manera en detrimento de la meritocracia. Muchas heridas infligidas por años a nuestra institución, mucho desapego de un Estado tomado por fuerzas de la izquierda y los caviares, con la única finalidad de “amarrarnos” las manos para no actuar frente a los “cambios” sociales que ellos pretendían: el socialismo. Esto quedó demostrado con el golpe de Estado dado en 2022 por Pedro Castillo, quien no logró hacerlo por la mano férrea de la Policía Nacional que lo capturó y encarceló. Por eso no les conviene una Policía fuerte y comprometida con la democracia, sino una corrupta, debilitada y vendida.

La “caída” del comandante general de la PNP Óscar Arriola Delgado no se da por “fracaso en la lucha contra la criminalidad”, como tantos han querido “demostrar” usando sus odios y blandiendo sus millonarias plataformas mediáticas. No, se da por esa misma estrategia política de corrientes ideológicas expertas en inducir al odio, que ven en Óscar Arriola “un peligro” para sus propósitos políticos. Quisieron dar “una lección” a quien se “atreva” a enfrentarse al proyecto ideo-político perverso zurdo-caviar, en la que inclusive ha caído el gobierno que actuó por “correctismo político” sacrificando una de sus mejores fichas, pero no lo lograrán. Ha caído uno, quedamos miles; un gobierno dura 5 años, la Policía Nacional vivirá eternamente.

(*) Exdirector general de Inteligencia del Mininter y ExGein

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