
¿En qué momento la inseguridad dejó de ser un problema ocasional para convertirse en una preocupación permanente? Hoy muchas personas cambian sus rutinas, evitan determinados lugares, modifican sus horarios y toman precauciones que hace algunos años parecían exageradas.
Según cifras del INEI, el 84,4 % de la población urbana de 15 años a más considera que podría ser víctima de algún hecho delictivo durante los próximos doce meses y aunque este porcentaje disminuyó respecto de 2024, sigue mostrando un nivel de inseguridad suficientemente alto.
Frente a ello, la lucha contra el crimen necesita inteligencia, investigación y capacidad para desarticular organizaciones que no actúan de manera improvisada. Mientras el Estado responde de forma fragmentada, la delincuencia aprende, se organiza y encuentra nuevas formas de obtener dinero.
Capturar a un delincuente puede ser importante, pero no suficiente, ya que las investigaciones no avanzan, si las pruebas no llegan adecuadamente a los tribunales o si los procesos terminan debilitándose, el mensaje que recibe la sociedad es que delinquir puede resultar menos costoso de lo que debería.
La Policía necesita mejores herramientas y mayor capacidad de inteligencia, pero también se requiere una Fiscalía que pueda investigar con eficacia y un sistema de justicia capaz de sancionar a quienes cometen delitos. Ninguna institución, por sí sola, puede resolver un problema que atraviesa a todo el Estado.
Quizá uno de los mayores desafíos sea recuperar la confianza de los ciudadanos, porque una persona no denuncia porque considera que perderá tiempo, un comerciante prefiere pagar una extorsión antes que exponerse a represalias o una familia deja de salir de noche porque siente que nadie puede protegerla.
Creo que combatir el crimen también significa recuperar ese terreno, ya que no se trata solamente de tener más policías en las calles, sino de conseguir que las instituciones trabajen juntas, que la información se convierta en inteligencia, que las denuncias tengan consecuencias y que la ciudadanía vuelva a sentir que las leyes están de su lado.
El nuevo gobierno tendrá que demostrarlo con resultados concretos, porque frente a un crimen que se adapta y se organiza, improvisar ya no es una opción. La pregunta que debemos hacernos, entonces, no es únicamente cuánto ha avanzado la delincuencia, sino qué estamos dispuestos a hacer como país para detenerla. Ese es el desafío que tenemos por delante: ¿qué hacer para ganarle terreno al crimen?
(*) Mg. CPC. y exdecano del Colegio de Contadores Públicos de Lima
