El error más caro de las empresas: destruir capital humano para ahorrar costos
Por: Emilio Rossi Ferreyros

Existe un error que muchas empresas cometen cuando buscan reducir gastos. Creen que la forma más rápida de mejorar sus resultados es desprenderse de los profesionales con más experiencia, especialmente aquellos que superan los 50 años y tienen mayores salarios.
La lógica parece sencilla. Reemplazar a un trabajador experimentado por uno más joven permite reducir costos. El problema es que esta decisión confunde costo con valor.
Un profesional no vale únicamente por la remuneración que recibe. Su verdadero valor está también en todo lo que ha aprendido durante años de trabajo, en los problemas que ha enfrentado, en las decisiones que ha tomado y en la capacidad que tiene para evitar errores que otros todavía podrían cometer.
La experiencia es un activo empresarial, aunque muchas veces no aparezca en los estados financieros.
Un profesional con trayectoria no solo conoce la teoría, conoce la realidad. Sabe cómo funcionan los mercados, cómo resolver problemas complejos, cómo negociar en momentos difíciles y cómo tomar decisiones cuando no existen respuestas claras. Ese conocimiento práctico no puede reemplazarse rápidamente.
La investigación sobre productividad y desempeño laboral ha demostrado que la relación entre edad y capacidad profesional no es negativa en todos los casos. En trabajos donde predominan el conocimiento, el criterio y la toma de decisiones, la experiencia puede convertirse en una ventaja competitiva.
Es cierto que algunas capacidades pueden cambiar con los años, pero otras se fortalecen. El juicio profesional, la inteligencia práctica, el liderazgo y la capacidad de reconocer patrones son habilidades que suelen desarrollarse con la experiencia.
Por eso, muchos profesionales alcanzan su mayor nivel de aporte cuando combinan formación, conocimiento acumulado y madurez. Un médico, un abogado, un ingeniero, un investigador o un ejecutivo no son más valiosos solamente por su juventud, sino por la capacidad que han construido a lo largo de su carrera.
Cuando una organización despide a un profesional experimentado, no pierde solamente una persona en la planilla. Pierde memoria institucional, relaciones construidas durante años y una fuente de aprendizaje para las nuevas generaciones.
Muchas empresas descubren después que el ahorro inicial genera nuevos costos debido a más errores, menor capacidad de decisión y la necesidad de reconstruir conocimientos que ya existían dentro de la organización.
Las empresas más competitivas no enfrentan generaciones, las integran. Los jóvenes aportan innovación, energía y adaptación tecnológica. Los profesionales con mayor experiencia aportan criterio, liderazgo y capacidad para resolver problemas complejos. El criterio correcto para evaluar a una persona no debe ser su edad, sino su capacidad para seguir generando valor.
El verdadero error empresarial es creer que una persona pierde importancia porque envejece. En muchas áreas ocurre lo contrario, porque con los años aumenta un recurso fundamental en la economía moderna: el conocimiento.
Las empresas pueden reducir costos en el corto plazo, pero destruir capital humano puede convertirse en una pérdida mucho más grande en el largo plazo. La pregunta que deberían hacerse los líderes empresariales no es cuánto cuesta mantener a un profesional experimentado. La pregunta correcta es cuánto cuesta perder todo lo que ese profesional sabe.
Porque en una economía basada en conocimiento, el mayor activo de una organización no siempre está en sus edificios o sus sistemas. Muchas veces está en las personas que durante décadas han aprendido cómo hacer mejor las cosas.
(*) Abogado, Ph. D (c)
