
El Gatopardo es una obra del escritor italiano Giuseppe Tomasi di Lampedusa (1896–1957). El “gatopardismo” al que se refiere la obra es la estrategia de introducir cambios aparentes o superficiales para preservar intactas las estructuras de poder y el estado de cosas existente, es decir, “cambiar todo para que, en el fondo, nada cambie”.
Esto también parece estar pasando en el Perú con nuestro flamante ministro de Cultura, Alberto Beingolea, quien en recientes declaraciones a los medios de comunicación ha dicho que no cerraría el LUM y no anunció cambios específicos en la exposición permanente ni en el contenido museográfico.
Lo que sí planteó el ministro fue “revisar el enfoque de la política cultural del Estado para evitar una visión ideológica predominante y promover mayor pluralidad”. Es decir, entendemos que quiere que se mantenga como está, pero sin la predominancia de izquierda, y que haya otras propuestas históricas para “equilibrar” las existentes.
Bueno, lamentablemente esta tibieza política no es la posición correcta, señor ministro, porque lo que aquí corresponde es DESACTIVAR, CERRAR o CLAUSURAR este vergonzoso e insultante “monumento” al terrorismo. Basta de desprecios a la memoria de quienes entregaron su vida por la patria.
Desde esta tribuna y con nuestra experiencia en la lucha contra el terrorismo, podemos afirmar categóricamente y sin ninguna duda que el LUM es parte de una estrategia monumental de la izquierda y de los caviares, cuya finalidad es impregnar en la mente de la población la idea de que en el Perú no hubo violencia criminal terrorista, sino “conflicto armado interno”; que no se les considere terroristas, sino “luchadores sociales”; lograr la libertad de quienes aún permanecen tras las rejas; evitar que siga la persecución judicial de los que aún están en libertad, escondidos o en clandestinidad; facilitarles el ingreso a la política (hoy tenemos cinco senderistas en el Congreso); y que el proyecto socialista primigenio de SL y MRTA continúe viento en popa a pesar de sus crímenes. Eso es.
Los terroristas de Sendero Luminoso y el MRTA no fueron una “fuerza regular alzada en armas”, por más que lo digan los dichosos “organismos internacionales” (no olvidemos que también fueron creados por el progresismo mundial), y tampoco se les puede comparar con nuestras Fuerzas Armadas y Policía Nacional, porque ellos iniciaron las acciones criminales contra los ciudadanos y contra el Estado, y fueron combatidos con las armas y con la ley. Los excesos fueron ya procesados y condenados, pero fue como resultado de esa confrontación iniciada por el terrorismo que hoy se disfraza de oveja.
Bajo la lógica “políticamente correcta” de edulcorar a los criminales y hacer un “museo” a terroristas que asesinaron miles de peruanos inocentes, entonces que también se haga un museo para secuestradores, otro para asesinos y otro para violadores.
Si el señor Beingolea realmente quiere que la historia cuente solo la verdad, visite el museo de Chavín de Huántar en Chorrillos y potencie el Museo de la Historia del Terrorismo que existe en la DIRCOTE de la PNP, y verá cómo miles de peruanos se volcarán para conocer la verdad de quienes defendieron a la patria con sus propias vidas, y no desde la versión amañada de los criminales.
Salga de su “burbuja” del “correctismo político”, del “buenismo”, señor ministro, ubíquese a la derecha, bien a la derecha, y DESMANTELE y CLAUSURE el LUM. ¡Vamos con todo!
(*) Exdirector general de Inteligencia del Mininter y ExGein
