La universidad, el magisterio y la reconstitución: de Huamanga al desafío de enseñar a pensar (I PARTE)
Por: Max Anhuamán

Las grandes transformaciones políticas rara vez empiezan con las armas. Empiezan con las ideas. Quien pretende alterar el orden social necesita, antes que nada, formar personas capaces de sostener ese proyecto a lo largo del tiempo. La educación nunca ha sido un espacio completamente neutral: es uno de los principales campos donde se disputa la comprensión de la realidad, los valores y la acción política de las nuevas generaciones.
La historia del Perú ofrece un caso especialmente claro. Antes de convertirse en el conductor de una organización armada, Abimael Guzmán fue profesor universitario. Su primera herramienta de influencia no fue el fusil, sino la cátedra. Comprendió que quien forma a futuros docentes, dirigentes y estudiantes puede ejercer una influencia duradera sobre la cultura po- lítica de un país. Por eso, la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga ocupó un lugar central en el origen del proyecto senderista.
Comprender esa experiencia no significa convertir la educación en un nuevo campo de batalla ideológico. Significa impedir que vuelva a ser capturada por cualquier proyecto político que pretenda reemplazar el pensamiento libre por la adhesión doctrinaria.
Huamanga: cuando la universidad se convirtió en laboratorio político
Desde su ingreso a la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga, en 1962, Abimael Guzmán priorizó de manera sistemática la formación ideológica de jóvenes universitarios. Diversas investigaciones históricas coinciden en que esa casa de estudios se transformó en el principal espacio desde donde se consolidó el núcleo dirigente que luego daría origen al Partido Comunista del Perú-Sendero Luminoso.
Uno de los primeros instrumentos de movilización fue el Frente Estudiantil Revolucionario (FER). Más que una organización gremial, el FER permitió articular a estudiantes universitarios y secundarios, y proyectar después esa influencia hacia organizaciones populares.
Los sucesos de Huanta y Huamanga de 1969 ilustran el método. La protesta contra el Decreto Supremo N.° 006 —que imponía una contribución a los estudiantes de secundaria que desaprobaran cursos— generó una amplia movilización social en la que participaron estudiantes, padres de familia, campesinos y el Frente de Defensa del Pueblo. La represión dejó víctimas fatales y el decreto terminó siendo derogado.
Desde una perspectiva histórica, aquellos acontecimientos no fueron solo una protesta reivindicativa. Constituyeron un momento decisivo en la construcción de liderazgo político y organización juvenil en torno a una demanda social legítima. La movilización estrechó vínculos entre la universidad, las organizaciones sociales y la población, fortaleciendo una red que más tarde tendría importancia en el desarrollo del proyecto senderista.
De la organización política a la hegemonía cultural
A partir de 1973, Sendero Luminoso formalizó diversos organismos generados. El FER había sido el precursor. Posteriormente surgieron los denominados organismos generados, que extendieron el método organizativo hacia distintos sectores sociales.
El fundamento doctrinario declarado del pensamiento Gonzalo fue la síntesis entre Marx, Lenin, Mao Zedong y José Carlos Mariátegui. Antonio Gramsci no forma parte explícita de ese cuerpo doctrinario. Ello responde tanto a la influencia maoísta predominante como a la pretensión de presentar el pensamiento Gonzalo como un desarrollo propio y original.
Sin embargo, resulta posible observar que algunas estrategias desarrolladas después por organizaciones vinculadas al entorno senderista presentan similitudes funcionales con lo que la teoría política describe como disputa por la hegemonía cultural: presencia en sindicatos, espacios educativos, organizaciones sociales y construcción de narrativas públicas. Esta comparación alude al método empleado para disputar influencia, no a una filiación doctrinaria directa con Gramsci.
La derrota militar sufrida a partir de 1992 modificó profundamente las formas de actua- ción. Diversos documentos internos muestran que el denominado Plan de Construcción del Partido buscó reorganizar estructuras políticas y sociales bajo nuevas modalidades. En ese contexto surgieron organizaciones como el MOVADEF y, posteriormente, espacios vinculados al CONARE y la FENATEP. Desde la perspectiva de la inteligencia antiterrorista, estas iniciativas pueden entenderse como parte de una estrategia de reconstrucción política posterior al colapso de la organización armada, sin perjuicio de las características jurídicas y políticas propias de cada una, que deben evaluarse conforme a la evidencia y a las decisiones judiciales correspondientes.
El elemento constante fue el mismo: la educación continuó ocupando un lugar prioritario. (CONTINUARÁ)
(*) Exdirector de la DIRCOTE y la DINI
