
Gobernar después de casi 15 años intentándolo no es empezar de cero. Es empezar con mochila. El principal reto del gobierno de la presidenta constitucional Keiko Fujimori no sería económico ni siquiera de seguridad. Sería político: demostrar que puede gobernar para todos sin romper nada. Y ese, paradójicamente, podría ser su mayor resultado.
- El reto de la legitimidad y la reconciliación
Ningún candidato llega con más anticuerpos y más lealtades a la vez. El gobierno de Fuerza Popular tendría desde el día uno una oposición dura en las calles y en el Congreso. Su primera tarea no sería imponer, sino desarmar la polarización. Eso implica tres gestos inmediatos: un gabinete de ancha base, no solo fujimorista; un pacto explícito con la oposición democrática para darle un uno razonable y adecuado al poder sin excesos y el compromiso público de no tocar la reelección presidencial. Si logra eso, el resultado sería enorme: estabilidad.
El Perú no necesita un gobierno refundacional, necesita uno que dure 5 años sin que nadie hable de vacancia o cierre del Congreso cada mes.
- Su fortaleza: fortalecer los partidos y las instituciones
Aquí está el giro histórico que la presidenta Keiko Fujimori puede ofrecer y que nadie más puede. El fujimorismo de los 90 fue eficaz pero anti-partido y anti-institución. El fujimorismo del 2026, si quiere sobrevivir, tiene que ser lo contrario: pro-partido y pro-institución. ¿Por qué le conviene? Porque Fuerza Popular es el único partido real que queda en el país. Tiene locales, militancia, escuela naranja, padrón; si debilita a los partidos, se debilita a sí misma. Se promueve y suena fuerte la creación de un nuevo partido DEMOCRACIA Y LIBERTAD con ideología militancia, institucional, etc. Las prioridades en esta agenda deberían ser:
- a) Ley de partidos de verdad: Financiamiento público transparente, democracia interna obligatoria con supervisión de ONPE y no solo primarias de fachada, y sanciones reales a los vientres de alquiler. Fortalecer a los rivales para legitimarse.
- b) Devolverle poder al Congreso, pero ordenarlo: Restituida la bicameralidad, con un Senado que funcione como cámara de reflexión y frene leyes populistas, y a la vez, aprobar un reglamento que impida que el Congreso sea una agencia de empleos.
- c) Reforma del Estado, no captura del Estado: Servir civil meritocrático en ministerios clave, continuidad de los equipos técnicos en BCR, MEF y Cancillería. La institucionalidad no es enemiga del cambio, es lo que hace que el cambio dure. Si hace esto, el resultado no se medirá en PBI, sino en algo más escaso: que en 2031, Fuerza Popular siga siendo un partido competitivo y no una franquicia familiar.
- Las prioridades que la gente sí siente
La institucionalidad no gana elecciones sola, tiene que venir con resultados tangibles:
- Seguridad con orden legal: No discursos de mano dura y con vacíos. Su bandera natural es la lucha contra la criminalidad organizada y la minería ilegal, usando inteligencia, cárceles de alta seguridad productivas y articulación con alcaldes, sin estados de emergencia eternos.
- Economía para la formalización: El Perú no necesita más bonos, necesita que ser formal sea más barato que ser informal. Shock de simplificación tributaria para Mypes, crédito con compras estatales, y destrabe agresivo de 10 proyectos mineros con agua y diálogo previo, no con imposición.
- Infraestructura social que cierre heridas: Agua y titulación en Lima y norte, su bastión electoral. Colegios y postas, no megaproyectos faraónicos. Es la forma más directa de reconciliar apellido con obra. El reto final de la presidenta Keiko Fujimori no es ser la hija de Alberto Fujimori. Es lograr que, después de su gobierno, nadie tenga que hablar de fujimorismo y antifujimorismo, sino de derecha e izquierda democrática (no comunismo ni caviarismo), compitiendo en reglas claras. Si lo logra, su mayor obra no será una carretera o un penal. Será haber fortalecido la democracia hoy precaria y débil; y esa sí sería una forma de pasar a la historia. Es la hora de Keiko Fujimori, la presidenta constitucional que ha generado expectativa nacional e internacional. La responsabilidad de la patria en sus manos es enorme. Pongamos todos nuestro mayor esfuerzo por el país.
(*) Exministro de Transporte y Comunicaciones
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