
¿Alguien, en su sano juicio, cree que la Carretera Panamericana no se va a interrumpir durante el Fenómeno de El Niño (FEN) que se avecina? ¿Cuántos ríos se van a desbordar? ¿Cuántas vías y centros poblados se van a inundar? ¿Cuántos puentes van a colapsar?
Las respuestas a todas esas interrogantes podrán variar en número. Sin embargo, ninguna es “cero”. Mejor dicho, en el clímax del FEN 2026/2027, entre los meses de diciembre y abril próximos, la Carretera Panamericana se va a interrumpir en varios puntos. Varios ríos se van a desbordar. Varias vías y centros poblados se van a inundar. Y varios puentes van a colapsar. ¿Cuántos? No se sabe con precisión. Pero lo que sí se sabe es que serán cientos.
La pregunta es: ¿qué hacer? ¿Cómo prevenir tantos daños? Pues bien, no quiero ser aguafiestas, pero me temo que, desde el punto de vista de la infraestructura vial y urbana, no hay mucho que podamos hacer, más allá de comprar sacos y llenarlos de arena para evitar que el agua ingrese a nuestras casas, y adquirir equipos de bombeo para desaguar nuestras casas una vez que se meta el agua.
Y por el lado del Estado, la prevención requiere lo de siempre: maquinaria pesada disponible, tractores, volquetes, cargadores, excavadoras, etc., en varios puntos de las carreteras, sobre todo en las del Norte, para restablecer el tránsito vehicular cada vez que se interrumpa. También, el Estado debería tener puentes armables (Bailey) disponibles para reponer el tránsito en todos los puentes que, de hecho, van a colapsar.
Conclusión: la Carretera Panamericana se va a interrumpir. ¿Cuántos puntos, cuánto tiempo? No se sabe. Pero que se va a interrumpir, se va a interrumpir. Ergo, va a haber desabastecimiento de alimentos, combustible, medicinas y materiales en general. No tanto por falta de producción o disponibilidad, sino por falta de transporte.
Entonces, la solución más lógica y eficiente para evitar el desabastecimiento de productos básicos para la población urbana es el cabotaje marítimo. Es decir, en vez de transporte terrestre, utilizaríamos el transporte marítimo, el cual, por definición, no es interrumpible por ningún FEN, llámese leve, moderado, fuerte o Godzilla, como el que tendremos dentro de pocos meses.
Otro punto: la producción agrícola, minera, pesquera e industrial va a crecer mucho en los próximos años. Y el turismo también. La confianza empresarial, de cara al nuevo gobierno de Keiko Fujimori, está a tope.
Así las cosas, el futuro lógico en materia de transporte terrestre es fácil de describir: la congestión vehicular en nuestras carreteras será insufrible. Y tomará varios años para que se construyan más y mejores carreteras y ferrovías. Ergo, la solución más rápida y eficiente para solucionar el problema es el cabotaje marítimo.
Imagínense barcos que van y vienen constantemente dentro de nuestro mar territorial, en primera instancia, entre los puertos de Ilo, Matarani, Pisco, Callao, Chancay y Paita. Y luego, una vez implementadas las grúas y equipos necesarios para cargar y descargar barcos, se incluirían otros puertos como Marcona, Chimbote y Salaverry. Es decir, toda la Costa conectada, desde Tacna hasta Tumbes, a través de barcos seguros y rápidos. ¡Una maravilla!
Ojalá. Evitar el desabastecimiento de productos básicos durante el próximo FEN 2026/2027 no es un sueño. Es perfectamente factible. Y pasado el FEN 2026/2027, no más congestión vehicular en la Carretera Panamericana. El cabotaje marítimo haría el milagro. CABOTAJE MARÍTIMO Y FLUVIAL: he ahí el máximo desafío logístico de nuestro país.
(*) Exgobernador regional de Ica
