
Las elecciones suelen plantear una pregunta que pocas veces ocupa el centro del debate público: ¿estamos votando pensando en los próximos años o únicamente en los problemas más urgentes del momento?, porque, aunque las necesidades inmediatas son importantes, las decisiones que se toman en las urnas terminan definiendo el rumbo que seguirá el país durante mucho tiempo.
Según una encuesta de Ipsos Perú, el 71 % de ciudadanos considera que los principales problemas del país no han sido resueltos por los sucesivos gobiernos, lo que refleja una preocupación legítima por la falta de resultados, pero también evidencia la necesidad de analizar qué tipo de decisiones permiten construir soluciones sostenibles y no únicamente respuestas temporales.
La inseguridad, la informalidad, las deficiencias en educación y las brechas en salud son problemas que no desaparecen en pocos meses, porque se trata de desafíos complejos que demandan planificación, recursos y políticas consistentes durante varios años. Mientras que la presión política suele empujar a los gobiernos a buscar resultados rápidos que generen aprobación inmediata.
Creo que uno de los principales retos de nuestra democracia consiste en aprender a valorar las propuestas que plantean cambios duraderos, ya que gobernar no solo implica atender las urgencias del presente, sino también preparar las condiciones necesarias para que las próximas generaciones encuentren un país con mayores oportunidades y mejores condiciones de desarrollo.
En ese sentido, la discusión electoral debería incorporar con mayor frecuencia temas relacionados con el futuro, debido a que muchas campañas se concentran casi exclusivamente en la coyuntura y dejan en segundo plano asuntos que serán determinantes en los próximos años, como la calidad educativa, la investigación, la innovación, la infraestructura o el fortalecimiento de las instituciones.
Además, construir un país más competitivo requiere estabilidad en determinados objetivos nacionales, porque existen políticas y proyectos cuyos resultados solo pueden apreciarse después de varios años de trabajo continuo. Resulta difícil impulsar transformaciones profundas cuando todas las decisiones se toman pensando únicamente en la siguiente encuesta o en la próxima elección. También considero que los ciudadanos desempeñan un papel fundamental en este proceso, debido a que el voto no solo expresa una opinión sobre el presente, sino que también representa una apuesta por el futuro, razón por la cual resulta importante evaluar no solo lo que se promete, sino también la capacidad real de convertir esas propuestas en resultados sostenibles.
Por eso, mirar a largo plazo no significa ignorar los problemas actuales ni restar importancia a las necesidades más urgentes, sino comprender que algunas soluciones requieren perseverancia, continuidad y una visión que trascienda los ciclos políticos que caracterizan a toda democracia.
El futuro de un país no se construye con decisiones apresuradas ni con respuestas diseñadas únicamente para resolver la coyuntura, sino con la capacidad de pensar más allá de la urgencia del momento, porque las mejores decisiones suelen ser aquellas cuyos beneficios alcanzan incluso a quienes todavía no participan en la elección de hoy.
(*) Abogado y exdecano del Colegio de Contadores Públicos de Lima
