Opinión

¿Por Qué es Tan Difícil Hacer Reformas en el Perú?

Por: Rafael Velásquez Soriano

Cada cierto tiempo escuchamos propuestas para mejorar la educación, fortalecer la seguridad ciudadana, modernizar el Estado o impulsar la economía. Sin embargo, muchas de esas iniciativas se desarrollan lentamente o simplemente nunca se concretan. Esta situación genera frustración en la ciudadanía, que suele preguntarse por qué resulta tan complicado concretar cambios que parecen necesarios para el desarrollo del país. Según una encuesta de Ipsos Perú, el 68 % de ciudadanos considera que los principales problemas del país se mantienen sin cambios importantes pese a los sucesivos gobiernos.

 Esta percepción refleja la frustración que generan las reformas que se anuncian, pero tardan años en concretarse. Una de las principales dificultades es que las reformas suelen requerir tiempo para mostrar resultados, porque mientras algunas decisiones pueden generar efectos inmediatos, los cambios estructurales demandan años de trabajo, coordinación, monitoreo y seguimiento. Sin embargo, la política muchas veces opera bajo la presión de obtener resultados rápidos, lo que favorece medidas de corto plazo por encima de soluciones más profundas. 

También influye la falta de continuidad en las políticas públicas, ya que con frecuencia los gobiernos impulsan programas que luego son modificados, paralizados o reemplazados por las siguientes administraciones. Esta dinámica impide consolidar avances y genera la sensación de que el país vuelve a empezar cada cierto tiempo, incluso en temas donde ya existían esfuerzos importantes. Creo que otro problema radica en la dificultad para construir acuerdos amplios, debido a que las reformas más importantes suelen involucrar distintos sectores, instituciones y niveles de gobierno, por lo que requieren consensos mínimos para mantenerse en el tiempo. 

Cuando cada actor prioriza intereses inmediatos, resulta mucho más complicado avanzar hacia objetivos comunes. A ello se suma la complejidad del propio aparato estatal porque existen procedimientos, normas y procesos que buscan garantizar transparencia y control, pero que en algunos casos terminan ralentizando la ejecución de proyectos o la implementación de medidas necesarias. El reto consiste en encontrar un equilibrio entre supervisión y eficiencia, sin sacrificar ninguna de las dos. Además, las reformas suelen enfrentar resistencia porque implican cambios que afectan hábitos, estructuras o intereses ya establecidos. 

“Un país que teme permanentemente al cambio corre el riesgo de quedarse estancado”.

Es natural que existan diferencias de opinión, pero cuando toda transformación encuentra oposición automática, el margen para avanzar se reduce considerablemente. Un país que teme permanentemente al cambio corre el riesgo de quedarse estancado. En definitiva, el Perú necesita reformas, pero también necesita la capacidad de sostenerlas en el tiempo, porque los cambios verdaderamente importantes no suelen producir titulares espectaculares de un día para otro, aunque son los que terminan transformando la vida de las personas. La verdadera pregunta no es si debemos reformar el país, sino ¿estamos dispuestos a mantener el compromiso necesario para hacerlo realidad? 

(*) Abogado y exdecano del Colegio de Contadores Públicos de Lima 

* La Dirección periodística no se responsabiliza por los artículos firmados 

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