Opinión

El farsante

Por: Alberto Bajak

Siempre hemos dicho que Roberto Sánchez es un individuo sin atributos, sin carisma, desangelado hasta los tuétanos. Podemos afirmar que, además, es un verdadero farsante. Su repugnante doble discurso lo pinta como el nuevo Toledo, un mentiroso consuetudinario que ahora se victimiza llorando miserias mediáticas para salir de la cárcel apelando a la piedad de la judicatura nacional.

Debemos recordar que Sánchez enfrenta investigaciones fiscales por delitos de peculado, falsa declaración y falseamiento de información. Toda una joyita. Además, arrastra vicios por falsedad ideológica. La Fiscalía ha solicitado cinco años en su contra por presuntamente presentar información falsa ante la ONPE sobre los gastos y aportes de campaña partidaria entre los años 2018 y 2021 y, para colmo de males, ha sido severamente acusado de ser un ilustre succionador de dinero de sus trabajadores.

Gracias a Dios, este cocodrilo disfrazado de político perdió las elecciones y nos salvamos del comunismo más empobrecedor de América Latina, similar al desastroso modelo cubano que languidece día a día sin esperanza.

Sabemos que Roberto Sánchez está camino a la extinción. Los oportunistas de segunda vuelta que fueron a saludarlo y a repartirse ministerios lo abandonaron a su suerte. Ni Antauro lo acompaña.

Y sus convocatorias políticas resultan virtualmente en la reunión de cuatro gatos despojados tristemente de sus cuotas de poder en plazas minúsculas, apelando a fantasías electorales que nadie cree. El psicólogo quedó traumado y se resiste a perder, en la más profunda negación cognoscitiva de los últimos años.

Incluso su derrota corona la suerte socialista de América Latina: perdieron en Perú, Colombia, Ecuador, Honduras y Costa Rica. El dictador Maduro en la cárcel, y Cuba cayendo próximamente, con un soplido de Donald Trump.

Esto es lo que significa Roberto Sánchez: un farsante que quiso destruir el Estado republicano de derecho, las libertades fundamentales, la economía y la propiedad privada nacional. El farsante ni siquiera será diputado porque una asistente de oficina sacó más votos que él en Lima.

Keiko ahora debe ser más estadista que nunca y establecer reformas históricas que lleven al Perú a niveles de crecimiento, prospectiva y gestión pública, y pulverizar futuros intentos comunistas de volver al poder.

(*) Analista político

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