Opinión

¿Y ahora qué hacer?

Por: Ántero Florez-Aráoz

Queda prácticamente mes y medio para que juramente ante el Congreso y asuma la presidencia de la República quien resultó ganadora de la lid electoral en la segunda vuelta realizada el 7 de junio. El tiempo es breve para hacer lo que se debe hacer en ese lapso y, si se espera a la proclamación por el Jurado Nacional de Elecciones, será más breve aún, motivo por el cual, con cautela y reservadamente, hay que ir haciendo lo adecuado, como es buscar conseguir alianzas en el Congreso, pues de otro modo no existirán votos ni siquiera para abrir la puerta, exagerando, por supuesto.

Viejo refrán dice que “consejo no pedido nunca es bien recibido”, pero pese a ello, y arriesgándose el autor de esta columna a la incomprensión de los llamados a leerla, señalaré que el Perú quedó dividido y es menester comenzar con la reconciliación entre peruanos y, al mismo tiempo, preparar las acciones necesarias para subsanar la falta de atención por muchos años a nuestros hermanos del Alto Andino, que han visto la riqueza del país pero no les ha caído nada o muy poco de aquella, y de allí su frustración expresada a través del voto, que, como antes hemos dicho, es más de protesta que ideológico.

En lo que se refiere a buscar alianzas, y sin que ello signifique “repartija”, hay que concertar, y para llegar a tomar decisiones que importen consensos altamente mayoritarios sería conveniente buscar algún mecanismo de facilitación que más adelante bien podría ser el “Acuerdo Nacional”, que hace buen tiempo se encuentra de vacaciones, por lo menos aparentemente. No olvidemos que, entre el lapso de proclamación y de juramentación, los equipos del actual gobierno, como los del nuevo, tendrán que establecer la realidad situacional y conocerse desde dónde partirá la nueva administración.

En lo que se refiere al tema presupuestal, tendrá que determinarse dónde se tendrán que hacer ajustes, pues el Congreso en funciones se ha excedido notoriamente en el gasto con decisiones francamente populistas que, en lo posible, tendrán que ser rectificadas para evitar más problemas que los ya existentes. El tema de la falta de seguridad es uno de los más urgentes y tendrá que existir el plan de reversión que corresponda, aunque, por supuesto, con la confidencialidad pertinente, pues si se dan a conocer previamente, los antisociales se prepararán contra ellas.

El tema de la simplificación administrativa es más que relevante, pues no habrá inversión generadora de puestos de trabajo si es que no hay seguridad, confianza en el país y trato amigable, más no intensa e innecesaria tramitología. Dada la situación internacional, es indispensable ampliar todos los canales que otorguen seguridad energética, llámese electricidad, gas e hidrocarburos, incluso hasta con sanciones a los funcionarios que ponen trabas y, diríamos, hasta zancadillas con ánimo de hacerse los importantes o abonar el camino para la corrupción. Como podemos advertir de los ejemplos expuestos, hay muchísimo que hacer y poco tiempo para ello, por lo que hay que olvidar vacaciones, así sean bien ganadas, como toda inacción. Es la hora de la acción cívica, patriótica y expeditiva.

(*) Expresidente del Consejo de Ministros

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