Opinión

El regreso de un triunfador

Por: Enrique Vidal

La semana pasada lamentábamos el penoso papel de los equipos peruanos a nivel internacional en los torneos sudamericanos. Hoy, la selección peruana de fútbol ocupa el puesto 53 del ranking FIFA y, a nivel CONMEBOL, somos penúltimos.

Al final de las eliminatorias de Rusia 2018, el Perú logró su mejor ubicación en toda la historia. Estuvimos entre las 10 mejores selecciones del mundo y nos preparábamos para el repechaje contra Nueva Zelanda.

Los seres humanos somos generalmente rápidos para protestar y lentos para recordar y reconocer lo bueno. Edwin Oviedo asumió la presidencia de la Federación Peruana de Fútbol en enero de 2015 y el reto parecía imposible.

Casi cuatro décadas sin clasificar a un Mundial e iniciando el sueño bajo el liderazgo de Oviedo, exhibiendo como mayor logro deportivo el título de campeón nacional con Juan Aurich.

Esta semana se anunció el retorno del empresario agroindustrial a su viejo amor con la firme decisión de volver a la Liga 1. El proceso de clasificación a Rusia 2018 tuvo como base sólida la reingeniería aplicada por Oviedo en la casa matriz de nuestro balompié.

Esa gestión empresarial de un auténtico emprendedor no se grita en las tribunas, no levanta aplausos de la hinchada, pero sostuvo el éxito celebrado por todo el país. Nadie imaginaba (pero algún traidor preparaba) la injusta prisión preventiva que sufrió por 17 meses el entonces mandamás del fútbol peruano.

Un hombre con fuerte arraigo laboral, familiar, empresarial, sin riesgo de fuga, iba a la cárcel por culpa de pésimos magistrados (la mayoría ya fuera de la judicatura). Y el caso era tan débil que, llevado a la fuerza a juicio, determinó su absoluta inocencia.

Sobre el particular ya han escrito colegas y juristas, pero el daño hecho a la selección peruana lo padecemos hasta hoy. Oviedo no es Jules Rimet, Joao Havelange o Julio Grondona, pero se cortó abruptamente una gestión que nos regresó a la Copa del Mundo.

“La verdad adelgaza y no quiebra, y siempre anda sobre la mentira como el aceite sobre el agua”, sentenció Miguel de Cervantes. Hoy Edwin Oviedo luce varios kilos menos de peso que no le impiden dejar de soñar, de querer construir mirando adelante con la frente en alto.

El fútbol peruano necesita gente así, que quiera invertir, que busque sumar y no usar un equipo de fútbol como modo de subsistencia familiar.

Para nadie es un secreto que se trabaja poco y se gana bastante con los contratos de jugadores extranjeros, y a varios no les interesa lo deportivo. Requerimos entrenadores y futbolistas que dejen enseñanzas, que contribuyan a la resurrección de nuestro balompié.

Estamos cansados de aquellos que usan al fútbol peruano para dejar huellas solamente en sus billeteras o cuentas bancarias.

Allin hamusqa kay, Edwin.

Bendiciones para todos en este junio, mes del Sagrado Corazón de Jesús.

(*) Director general de canal Sintonía Te Ve.

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