
La inminente segunda vuelta ha enervado el debate político y ciudadano. El proceso está cubierto por un manto de dudas, acusaciones de fraude (a las que nos adherimos), y serias irregularidades (que son delito en muchos casos) que seguramente terminará en tribunales nacionales, y, porqué no, hasta en los internacionales. En nuestro concepto, el “proceso” del fraude electoral se ha perfeccionado en los últimos 15 años y será “normalizado” para el 2031 en que las fuerzas de la izquierda radical o progresista tomen el poder de manera definitiva. Todo parece un “callejón sin salida”.
El asunto es que, pese a la lluvia de críticas que ha recibido el presidente del JNE, Roberto Burneo, éste ha dicho que las elecciones no se anularán debido a que la Ley Orgánica de Elecciones solo permite nulidad total si votos nulos o en blanco superan los dos tercios del total emitido, o si los procesos anulados representan al menos un tercio de la votación nacional válida.
Como es público, han participado 19 millones de ciudadanos y se requerirían al menos 12,5 millones de votos nulos para activar ese mecanismo, que, por el momento, no es la circunstancia. Ante esto, algunos activistas pro-López Aliaga están llamando al “golpe” de Estado o se manejan con lenguaje muy agresivo; asimismo, existen juristas que acompañan a Rafael López Aliaga y están haciendo los reclamos sustentados y esperan resultados.
La coyuntura revela que la unidad o fragmentación en ambas corrientes ideopolíticas deja en claro que, en el caso de la izquierda radical, representada por Roberto Sánchez, hace grandes esfuerzos por lograr la “unidad” en este lado del espectro, para lo cual tiene en sus filas a representantes de Sendero Luminoso y el MRTA, y en su entorno, al violentista de Antauro Humala. Asimismo, Sánchez y sigue convocando a lo mas graneado de la mediocridad zurda como José Domingo Pérez, arropando a Piero Corvetto con abogados progres como Julio Arbizu y otros, y recibiendo “apoyo” de Ahora Nación y su nuevo “jale” la progre-zurda convicta y confesa Delia Espinoza, pero ahí van, queriendo consolidar una unidad.
La derecha, por el contrario, parece que hace esfuerzos inversos a su verdadera necesidad, la unidad, para “trabajar” con mucho ahínco en la fragmentación política, de tal manera que hoy algunos sectores se “alimentan” del “antifujimorismo” que les vendieron los caviares y petardean, la candidatura de Keiko Fujimori, mientras los otros partidos y candidatos callan estruendosamente o sus delicadas y cándidas voces dicen hasta sonrojarse que “apoyarán” esa candidatura. De nada sirve tratar de convencer a todas las derivaciones de derecha (centro derecha liberal no caviar, liberales y libertarios) de que esta es, tal vez, la última oportunidad de sostener nuestra democracia.
Hay que despertar de ese sueño, elegir un gobierno de derecha y desde dentro crear un verdadero plan de limpieza del sistema electoral principalmente, y de todo el Estado, si queremos elecciones limpias el siguiente quinquenio. Si hoy nos detenemos por pura rabia (incluso con las pruebas en las manos) a pretender tener una justicia célere o patear el tablero para imponernos, solo agudizaremos el sufrimiento y la miseria de los peruanos, justamente el “alimento” que socialistas, comunistas y caviares necesitan para tomar el poder.
Este será un “trago amargo”, tendremos que “comer un sapo” o “taparse la nariz”, llamen como quieran a la decisión correcta de votar, pero se debe tomar y votar por la derecha en segunda vuelta. Es lo que toca, porque este es un “callejón con salida” si así lo quieren. ¡Vamos con todo!
(*) Exdirector general de Inteligencia del Ministerio del Interior y exGEIN
