Opinión

“A río revuelto… nadie sabe para quién trabaja”

Por: José Luis Gil

La trifulca monumental que se ha formado en torno a la legitimidad y legalidad de las elecciones de abril 2026 ya se puede calificar como de “rio revuelto”, en que la izquierda radical y los caviares tendrían la “ganancia de pescadores” si es que no advertimos a los ciudadanos que el fraude electoral, urdido y ejecutado por éstos durante décadas, más allá de la visión jurídica centrada solo en votos, es un todo, un largo, sofisticado y complejo proceso fraudulento tedioso para probar que es cada vez más imperceptible y que su judicialización no garantiza una sentencia en el corto plazo.

Mientras tanto, el candidato Rafael López Aliaga (RLA), con quien coincidimos que tanto él como la candidata Keiko Fujimori son víctimas de este tinglado, ha decidido “disparar” de todo y contra todo lo que se mueva si no aceptan su postura (legal y legítima, repito). Esto genera dentro de la derecha incluso, reacciones a favor y en contra. Hay quienes creemos que, a pesar de las circunstancias que hoy vivimos, el proceso electoral debe continuar (con la proclamación del que pase a segunda vuelta) y finalizar el proceso electoral eligiendo presidente (a), y quienes apoyan a rajatabla la postura de RLA, con la esperanza, que su candidato pase a segunda vuelta o que se suspendan las elecciones. De por sí, el segundo escenario es más complejo y peligroso.

Lamentablemente, esto confunde a un electorado hastiado (y acostumbrado) a los dimes y diretes de los políticos, quienes podrían tener un voto de rechazo a las actuales circunstancias y que podrían afectar los intereses del país. Se necesita que desde el lado diestro de la política peruana se tenga una postura estratégica, de unidad, visionaria, de estadista y serena, que desde un nuevo gobierno haga un acto higiénico con el sistema electoral, una limpieza ordenada, sistemática de todas las instituciones que sean sostenibles en el tiempo. También debemos tomar en cuenta factor “BALCÁZAR”, en referencia al presidente encargado José María Balcázar quien desde su precario sillón palaciego y su pesada “mochila” que hiede a pedofilia, ha decidido enfrentarse por sesgo ideológico “antiimperialista” y antisemita”, con aliados estratégicos como EE.UU. y la compra de aviones para la FAP , así como los absurdos ataques a la comunidad judía, contra Israel y Alemania, que podrían ser considerados como atentados contra la seguridad nacional.

En esa línea, es legítimo pensar que por ese mismo sesgo, éste pueda, antes de terminar su mandato (ojalá que no culmine gracias a una pronta vacancia) dar libertad a sus “presos políticos” Pedro Castillo, Guillermo Bermejo y otros, lo que inclinaría la balanza hacia los intereses de Juntos por el Perú (JP) del candidato afín a Balcázar, Roberto Sánchez o “sombrero luminoso 2.0”, con su negado e inseparable aliado “estratégico”, Antauro Humala. Nadie sabe para quien trabaja reza el dicho.

En síntesis, aunque nuestra postura no guste a algunos, el proceso de las elecciones debe continuar y debemos elegir presidente (a) de derecha lo más pronto posible y a la par encarcelar a los responsables de todo este tinglado; se debe vacar a José María Balcázar de la presidencia del Perú poniendo a alguien que garantice neutralidad hasta el 28 de julio 2026, e iniciar la larga y titánica tarea de limpiar el sistema electoral y judicial que facilitaron el fraude pero actuando de manera estratégica, serena y pensando en los más de 36 millones de peruanos. ¡Vamos con todo!

(*) Exdirector general de Inteligencia del Ministerio del Interior y exGEIN

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