Opinión

El ciclo del agua en nuestro país

Por: Fernando Cillóniz Benavides

Estamos en abril, entrando a la recta final de la temporada de lluvias. En mayo seguirá lloviendo, pero menos. Y en junio, las lluvias cesarán, y las aguas que discurran por los ríos de la costa serán solamente remanentes. No hay que ser un experto en climatología para conocer el ciclo del agua. Simplemente, hay que tener ojos para ver. Todos los años, de junio a septiembre, los iqueños sufrimos por escasez de agua de lluvias. Efectivamente, en los estiajes nunca llueve.

Por eso, al estiaje le llamamos “temporada seca”. Y así, tal cual como en Ica, el estiaje ocurre en todo el país. Todos los años, de enero a marzo, los iqueños, y los peruanos en general, botamos una enorme cantidad de agua dulce al mar. Me refiero a las abundantes aguas de avenida que discurren por nuestros ríos, a vista y paciencia de toda la población y de nuestras autoridades.

Seamos sinceros, ¡qué poco hacemos por retener, aunque sea, una parte de esas aguas cuando están a nuestro alcance! Y luego, cuando los ríos se secan todos los años en los estiajes, ¡con qué desparpajo nos quejamos por la falta de agua! Es hora de actuar. ¡Basta de quejas y soluciones de escritorio!

Y peor aún, basta de propuestas retrógradas y empobrecedoras como las de CODEHICA y otras instituciones ideologizadas, que proponen limitar el desarrollo de la agroindustria para disminuir la demanda de agua. ¿Acaso no ven el agua en abundancia que tenemos y desperdiciamos en los veranos? ¿Por qué no proponen retenerla, guardarla, infiltrarla en los acuíferos, cualquier cosa que evite que se pierda en el mar, para disponer de ella en los estiajes?

Al revés de lo que propone CODEHICA, hay que construir muchos reservorios, todos los que se puedan para guardar la mayor cantidad de agua posible. Sin embargo, a este respecto, los peruanos hemos vivido equivocados. Siempre dijimos que solo el Estado debía construir los reservorios, y que estos tenían que ser inmensos. “Solo los grandes reservorios estatales, tipo Poechos en Piura, solucionarían el problema de escasez de agua en el país”. Aquellos que cuestan una millonada y, por ende, tardan una eternidad en construirse. Y, mientras tanto, nada de nada.

¡Craso error! Más vale un pequeño reservorio que nada. Inclusive, como los pequeños reservorios son baratos y rápidos de hacer, a la larga es más fácil construir muchos pequeños reservorios, que sumados almacenan una gran cantidad de agua, que invertir en pocos mega reservorios que, en la práctica, nunca se construyen.

En síntesis, las aguas de avenida se pueden almacenar (1) en reservorios superficiales tradicionales y (2) en reservorios subterráneos o acuíferos. Luego tenemos el poder retentivo de los bosques y praderas, los cuales hacen las veces de esponjas enormes capaces de retener humedad en grandes cantidades. Bueno, lejos de preservar los bosques y praderas como hubiera correspondido, los peruanos los hemos depredado a más no poder, sin ninguna consideración ambiental. Terrible. La demanda de leña y carbón de palo, literalmente, ha acabado con nuestros bosques naturales.

¿Qué hacer al respecto? Muy sencillo: replantar bosques, plantar millones de árboles para reforestar todo lo que hemos depredado a lo largo de los últimos años. Y en cuanto al uso del agua, las claves para evitar su desperdicio están en el riego tecnificado. En los centros poblados, redes en buen estado y sistemas de tratamiento de aguas residuales. Y en las casas, “cierra el caño”. Para todo ello, la fórmula secreta se llama “tarifas de agua”. El que consume más, paga más. El que consume menos, paga menos.

(*) Exgobernador regional de Ica

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