
Las protestas por falta de agua en nuestro país son una farsa. No tienen sustento real. En muchos casos son protestas ideológicas o se tratan de protestas chantajistas. Estamos en plena temporada de lluvias y en esta época del año enormes cantidades de agua dulce están pasando por las narices de los protestantes, sin que nadie haga nada para conservarla, para usarla en los estiajes. Los cuales sí o sí ocurren entre los meses de junio a agosto de cada año.
En esta temporada (2025/2026), la ansiada agua de avenida llegó. Todos los años es la misma historia. Los agricultores de Ica y de todo el Perú aguardamos con impaciencia el inicio de la temporada de lluvias. Y la impaciencia es tal, que recurrentemente el Gobierno declara “oficialmente” la emergencia hídrica en el país, como si un decreto pudiera traer el agua que tanto necesitamos los agricultores.
El hecho es que hoy por hoy todos nuestros ríos están de bote a bote. O sea, pasamos de un extremo a otro: de la sequía a las inundaciones. ¿Qué hacer para tener agua en los estiajes? ¿Y cómo hacer para tener control de la situación durante las avenidas? La respuesta es muy sencilla: reservorios, reservorios y más reservorios, tal como hicimos en Ica durante el período 2015- 2018.
Debemos desterrar de nuestras mentes aquella idea de que sólo las grandes irrigaciones solucionarán nuestros problemas de escasez hídrica. Conste que no me opongo a los grandes reservorios, pero peor es nada. Las grandes irrigaciones son muy costosas y, por lo visto, de larguísimo plazo. Incluso, algunas nunca se construyen.
Debemos trasvasar aguas sobrantes de cuencas que vierten al Atlántico hacia cuencas deficitarias que vierten al Pacífico. Olmos, por ejemplo. Incluso, hay que trasvasar aguas sobrantes entre cuencas que vierten al Pacífico, como es el caso de Chavimochic en La Libertad.
También debemos infiltrar la mayor cantidad de agua posible durante las avenidas. Dar tomas libres en épocas de abundancia, levantar todas las compuertas, para que los agricultores rieguen sin ninguna limitación. Así rellenaríamos los acuíferos y guardaríamos agua para los estiajes. Incluso, debemos diferenciar las tarifas de agua según sean aguas de avenida o aguas reguladas. Las aguas de avenida deben costar poco o nada, mientras que las aguas reguladas deben costar más.
Además, debemos tecnificar el riego (aspersores o goteros) para mejorar el uso del agua, sobre todo del agua regulada. Ciertamente, debemos explotar racionalmente los acuíferos mediante redes de pozos, ojalá interconectados entre sí, para complementar las dotaciones de agua superficial y regar todos los días del año.
Incluso, debemos tratar todas las aguas servidas (desagües) de todos los pueblos y ciudades del país para volverlas aptas para uso agrícola, tal como estamos haciendo en Ica y Arequipa, con excelentes resultados ambientales y agrícolas. He ahí la política orientada a aumentar la disponibilidad de agua todo el año, sobre todo para la pequeña agricultura. Una política de mejora de la productividad y competitividad del agro a través de un vasto programa de Siembra y Cosecha de Agua, y la tecnificación del riego en todo el país.
(*) Exgobernador regional de Ica.

