
Nuestra Liga 1 es generosa con el futbolista no nacido en nuestro país y mezquina con el jugador nacional. Siete extranjeros en cancha por equipo (además de nacionalizados sin límite), no aumenta la competitividad, es una puerta que se cierra en la cara de nuestros compatriotas. El argumento a favor siempre ha sido el mismo: elevar el nivel de la competencia obligando al futbolista peruano a mejorar, suena razonable. Sin embargo, salvo honrosas excepciones, los extranjeros no marcan la diferencia.
La mayoría son jugadores de nivel medio, “trotamundos” del fútbol que encuentran acá una plaza donde continuar su carrera. Pensemos en la selección y algunas posiciones clave: el “9”, el “10” y los defensas centrales. ¿Cuántos de estos puestos están ocupados por peruanos? La respuesta es preocupante. Los clubes apuestan por un extranjero con más rodaje que por un joven peruano que necesita minutos para consolidarse. El director técnico, cuyo trabajo depende del resultado, no tiene incentivo para arriesgar. Se produce un círculo vicioso: el joven no juega porque no tiene experiencia y no adquiere experiencia porque no juega. Esta política tiene un impacto directo y demoledor en la selección nacional.
Veamos la cantidad de jugadores no nacidos en el Perú utilizados en el elenco titular por los clubes en la última fecha de la Liga1: FC Cajamarca alineó a 10; ADT, Alianza Atlético y Cienciano utilizaron 7; Boys, Garcilaso y Grau incluyeron a 6; Alianza, Melgar y UTC usaron 5; Chankas, Huancayo, Juan Pablo II y Universitario recurrieron a 4; CD Moquegua, Comerciantes Unidos, Cristal y Cusco emplearon a 3. Si incluimos a los que ingresaron durante el partido, la situación empeora. Como ejemplo, podemos ver que Melgar terminó el partido con 10 jugadores no nacidos en el Perú. En el caso de los entrenadores la situación es peor, solo cuatro de los dieciocho equipos cuentan con entrenador nacional. Curiosamente FC Cajamarca y Melgar son dos de ellos. Como dato adicional, participan tres equipos del Cusco y sólo arrancó un jugador cusqueño.
“Mano” Menezes se encuentra con un panorama desolador: delanteros peruanos que son suplentes, volantes creativos sin continuidad y defensores que no tienen el roce de la competencia semanal. ¿Cómo podemos exigirle que compita al más alto nivel si nuestra propia liga no funciona como su principal semillero? Algunos directivos dirán que los extranjeros atraen al público, lo que sucedería si fuera una reconocida estrella. El verdadero ídolo, el que llena estadios, por lo general es “canterano”.
La Federación Peruana de Fútbol y los dirigentes de los clubes deben entender que el cortoplacismo es pan para hoy y hambre para mañana. Reducir el cupo de extranjeros, no es un acto xenófobo, sino una medida de visión a futuro.
(*) Periodista deportivo.
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