Opinión

El ascenso del crimen organizado: Un eco de Sendero Luminoso

Por: Max Anhuamán

El reciente caso del alcalde de Pataz, Aldo Carlos Mariños —amenazado de muerte por la banda “Los Pulpos” con exigencia de S/50 mil, fotos de su familia y videos de armas— no es un incidente aislado. Es síntoma de un fenómeno criminal en escalada que busca control territorial y, eventualmente, político, replicando tácticas que usó la organización terrorista Sendero Luminoso (SL) en los 80-90 para destruir el Estado desde abajo. En 2025, las denuncias por extorsión alcanzaron cifras récord: entre 25,196 y 28,948 según fuentes como la PNP, el Ministerio Público y el INEI, con un aumento del 20-26.8% respecto a 2024 y más de cinco veces las de 2019. La Libertad (cuna de “Los Pulpos”) concentra altas tasas, y el sicariato sigue elevado pese a bajas puntuales en algunos trimestres. Bandas como “Los Pulpos” expanden influencia hacia Pataz (minería ilegal), Áncash y más allá, aliándose con grupos transnacionales y usando violencia selectiva para imponer “cupos” y dominar economías locales.

Esto recuerda a SL, que asesinó a 843 autoridades rurales (alcaldes, regidores, jueces de paz) para generar vacío de poder, destruir el “Estado burocrático” y establecer control territorial en zonas como Ayacucho y Huancavelica. Su meta era un “nuevo poder” paralelo mediante terror sistemático. Hoy, “Los Pulpos” no persiguen ideología, pero sí erosionan instituciones: amenazar o eliminar autoridades electas permite influir en permisos mineros, contratos y decisiones locales, creando un dominio similar en territorios vulnerables.

La diferencia clave: SL fue derrotado por inteligencia, no por fuerza bruta. El Grupo Especial de Inteligencia (GEIN) de la DIRCOTE-PNP, con operaciones como “Victoria” (captura de Abimael Guzmán el 12 de septiembre de 1992), usó vigilancia paciente, análisis de redes y trabajo encubierto para desmantelar la cúpula sin masacres innecesarias. Esta estrategia deslegitimó el terrorismo, permitió que las rondas campesinas y el Estado recuperaran control, y marcó el fin del ciclo de violencia. Frente a este nuevo terror económico, urge repetir esa fórmula: invertir en inteligencia moderna (rastreo de comunicaciones, finanzas y alianzas), coordinar FFO con rondas campesinas (como en Pataz) bajo mando unificado, y evitar respuestas reactivas. Sin inteligencia estratégica, el crimen puede lograr lo que SL no pudo: un control permanente que socave la democracia.

La historia demuestra que se puede vencer. Es hora de aplicar la lección que ya conocemos, antes de que el miedo se normalice. No permitamos que el crimen reemplace al Estado.

(*) Exdirector de la Dirección Nacional de Inteligencia (DINI). 

(*) Exdirector de la Dircote. 

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