Especiales

“Depredación de la Amazonía generará una crisis hídrica”

Carmen García Dávila, presidenta del Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana, alerta que el clima cambiará drásticamente

  • AMENAZA ECOLÓGICA. Según la especialista, si la Amazonía se pierde, tendríamos un estrés hídrico muy intenso y muchas economías se verían debilitadas en sus agroexportaciones. Nuestra Amazonía alberga más de 14,000 especies de animales, y la flora es inmensa.

POR: CARLOS RIVERO MELGAR

En entrevista con La Noticia al Día, en La Noticia TV (Canal 27.2 señal de Best Cable y 203 señal de Cable Go), la doctora Carmen García Dávila, presidenta del Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana, advirtió sobre el grave impacto en el país y gran parte de la región de la depredación de bosques a causa de la tala y la minería ilegal.

¿Qué se busca con la celebración del Día de la Amazonía Peruana?

Busca resaltar la importancia de este ecosistema. La Amazonía peruana es única en el mundo y tiene un papel fundamental en la sobrevivencia de la especie humana, porque es responsable de mantener el clima mundial. Si la Amazonía desaparece como ecosistema, el clima cambiaría drásticamente, haciendo que las condiciones de nuestra permanencia en este mundo sean mucho más agrestes. Además, la Amazonía es importante porque regula el ciclo del agua en toda Sudamérica; si la Amazonía se pierde, tendríamos un estrés hídrico muchísimo más fuerte y muchas economías se verían debilitadas en sus agroexportaciones. Nuestra Amazonía alberga más de 14,000 especies de animales, y la flora es inmensa.

¿Cómo ha afectado a la Amazonía la tala y la minería ilegal?

La Amazonía de hoy está jugando su partido más importante, porque son nuestras propias acciones las que van a determinar la presencia de este ecosistema como bioma. Las presiones antropogénicas de la tala y la minería ilegal, sobre todo la minería aurífera fluvial, están impactando fuertemente en la Amazonía y constituyen un problema grande. Impactan directamente porque tumban el bosque, remueven el suelo con una pérdida cada vez más exponencial de territorio que era bosque. Al hacer esto, liberan grandes cantidades de carbono. Están acabando con esos suelos amazónicos. Es un problema grande, que afecta la calidad del aire, la temperatura en esas áreas, la pérdida masiva de biodiversidad y las condiciones de vida adecuadas para el poblador amazónico y las comunidades indígenas.

¿Qué porcentaje de bosques se ha perdido por esta problemática?

Son miles de hectáreas. Por ejemplo, en Madre de Dios puedes pasar varios minutos sobrevolando y observarás miles de hectáreas devastadas. Eso nos puede dar una idea de cómo ha crecido el problema. Pero ahora no solo es Madre de Dios, también están afectadas Loreto, la cuenca alta del río Nanay, Ucayali en la frontera con Huánuco, por el Putumayo, por el Napo; esto se ha ido diseminando como si fuera una epidemia. Junto con el Ministerio del Ambiente estamos buscando tecnología que contribuya a la recuperación de esas áreas devastadas.

¿Cuánto tiempo demandaría la recuperación de los suelos dañados por la minería ilegal?

Un proceso de recuperación del bosque tarda por lo menos 10 años. El problema no son solo los compuestos pesados, sino también que arrancan el suelo, es decir, toda la parte que contiene la materia orgánica de la tierra, y lo que queda son bancos de arena blanca, que no son aptos para la vida. Primero trabajamos en la recuperación de suelos mediante el plantado de leguminosas de rápido crecimiento para crear una pequeña renovación del suelo. De esta forma, en un año o año y medio hay una pequeña capa de materia orgánica. Ahí comenzamos la restauración con plantas nativas de la zona. Las pozas que deja la minería ilegal están totalmente contaminadas con materiales pesados, y estamos tratando de recuperarlas; en aquellas que tienen niveles bajos de mercurio es posible hacerlo.

¿Cómo avanza el trabajo que impulsan para la crianza de ciertas especies en las comunidades amazónicas?

El año pasado trabajamos en introducir paquetes tecnológicos productivos para esas comunidades nativas que no tienen nada que ver con la extracción minera, pero son gravemente afectadas porque sus ecosistemas están totalmente degradados. Hemos trabajado en Cochimba, en Infierno, en Bélgica, donde hemos transferido por primera vez una especie, La Punteada, que hemos podido producir y cultivar en cautiverio. Este año vamos a trabajar en 250 hectáreas, pero de forma focalizada.

¿Cómo concientizar a la población de las zonas no amazónicas?

Este 18 de febrero estaremos en una acción de sensibilización sobre la Amazonía en Ancón, en una actividad del Ministerio del Ambiente. Necesitamos mostrar a la población la vinculación que existe entre la Amazonía y el agua. Muchos piensan que si se pierde la Amazonía no habrá ningún efecto, pero sí lo habrá: afectará las agroexportaciones y habrá escasez del agua que consumimos. La pérdida de la Amazonía en Brasil está causando una crisis hídrica en Paraguay y Uruguay. Hemos perdido más del 20 % de la cobertura vegetal en este ecosistema como bioma; si pasamos el 25 %, este ecosistema va a perder su capacidad de recuperación y se convertirá gradualmente en una sabana sin capacidad para absorber el vapor de agua que viene del Atlántico, que es el agua que consumimos en Sudamérica.

¿Podemos ver el futuro con preocupación o con esperanza?

Con esperanza. Si logramos calar en la población la importancia de la Amazonía en nuestra comunidad y el mantenimiento de ese ecosistema a todos los niveles —población, decisiones de políticas locales, regionales y nacionales— se podrán generar políticas claras que permitan mantener los bosques y estos ecosistemas funcionales. Por ejemplo, el chihuahuaco almacena toneladas de carbono con sus cientos de años de vida.

GENERAN BASES PARA EL TURISMO VIVENCIAL

¿Este esfuerzo por el cuidado de la Amazonía puede incentivar el turismo vivencial en la zona?

Estamos trabajando con algunos organismos de la sociedad civil, porque es un trabajo articulado entre la sociedad civil, la academia y el Estado, ya que nadie puede salvar la Amazonía solo. Estamos generando bases para el turismo vivencial; en ese sentido, el IIAP está haciendo inventarios bioculturales. Vamos a entrar a la reserva Mishana para hacer un levantamiento de todo lo que hay de biodiversidad de flora y fauna y también de sus sociedades originales. Esto servirá de base para que se pueda planificar, a partir de eso, un turismo vivencial. Nuestro papel es generar las bases del conocimiento sobre qué potencialidades tienen esas regiones y cómo se podría hacer turismo en ellas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba