Opinión

Mentes claras para tiempos oscuros

Por: César Ortiz Anderson

Leyendo el artículo de opinión de la historiadora Carmen McEvoy, encuentro lo bien estructurado de su reflexión: desde Irán hasta Venezuela, el mundo sufre un dolor inimaginable. Mientras tanto, en el Perú —lo cual en realidad no debería sorprendernos— una reunión presidencial “chifera” retrata la perversión de una república que sobrevive en medio del hedonismo y la banalidad más absoluta.

La verdad, y siendo sincero, es que la gran corrupción sigue vivita y coleando, robando en los diferentes niveles. Lo peor de este entuerto político, además de amoral, es que el estupor que en este momento envuelve al planeta no le es ajeno al país del mandatario que se cree distinto al resto de sus colegas, muchos de los cuales ya se encuentran en el Penal de Barbadillo, y otros tantos están haciendo cola para, vergüenza del país, acabar también presos.

Ello no se ve en otro lugar del mundo. Hoy cualquiera podría ser la próxima víctima de una lista delictiva impresionante, con la extorsión a la cabeza y el sicariato tras ella.

Sería bueno que los periodistas preguntaran directamente a las víctimas de las balaceras —que siguen siendo diarias— o a los familiares de tantísimas mujeres violadas, quemadas o traficadas a lo largo y ancho de nuestro país. También sería interesante saber, de una vez por todas, cuántos miles de peruanos vienen pagando su cuota por extorsión.

La paradoja es que el dolor tiene efectos terapéuticos: entre ellos, ayudarnos a valorar la vida en toda su belleza, misterio y complejidad. Hace unos días salió liberado un secuestrado que tuvo que pagar 10,000 dólares. La gente aún no olvida al empresario minero de Pataz que apareció muerto con un letrero en el pecho que decía: “Esto les pasa a los que no pagan completo”, pese a que su familia ya había entregado una cifra muy importante en dólares.

Finalmente, Carmen McEvoy cierra su artículo señalando que el Perú exige un liderazgo serio, maduro y con un proyecto intelectual acorde con estos tiempos. Yo quiero agregar que el próximo presidente debe tener firmeza y carácter, además de muchas otras cualidades: digamos, un frente lleno de esperanza.

(*) Presidente de Aprosec.

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