Opinión

En manos de quién ponemos al Perú

Por: Rafael Velásquez Soriano

Como peruano y como profesional que ha dedicado gran parte de su vida al servicio público, observo con preocupación la actual coyuntura electoral. Este 12 de abril no solo elegiremos a una persona: elegiremos el rumbo del país. Por eso creo que ha llegado el momento de preguntarnos con honestidad: ¿en manos de quién ponemos al Perú?

No necesitamos improvisados, porque nuestro país no está para ensayos. El próximo presidente debe ser alguien con preparación comprobada, que entienda cómo funciona el Estado, que se rodee de equipos técnicos sólidos y que no vea el poder como un botín, sino como una inmensa responsabilidad orientada a optimizar recursos. Además, debe ser un líder capaz de promover el trabajo articulado entre el Estado, el sector privado y la sociedad civil, porque solo así se construyen soluciones sostenibles y políticas públicas que beneficiarán a los peruanos.

Desde mi perspectiva, hay características mínimas que deberíamos exigir. La primera es la integridad, ya que sin valores cualquier plan de gobierno es solo papel. Un presidente debe tener una trayectoria que inspire confianza al electorado, no un prontuario que se justifique con discursos vacíos y sin propuestas concretas. La honestidad no es un adorno: es la base de toda autoridad moral.

La segunda es la capacidad de gestión. Gobernar no es prometer, es ejecutar. El país necesita a alguien que sepa tomar decisiones, que conozca la realidad de las regiones, que entienda aspectos como la economía, la salud y la educación, y que pueda convertir los problemas en soluciones viables.

También considero indispensable la estabilidad emocional y el liderazgo real. El Perú atraviesa tiempos difíciles, por lo que requiere, con carácter de urgencia, un presidente que escuche, que dialogue, que una y no enfrente. Que tenga firmeza para poner orden, pero también sensibilidad para comprender el dolor de su pueblo.

Finalmente, debemos buscar a alguien con visión de futuro. No un candidato obsesionado con el corto plazo, sino un líder que piense en el país que heredarán nuestros hijos, en instituciones fuertes, en oportunidades reales y en un desarrollo que llegue a todos con igualdad en todos los niveles.

Mi invitación es clara: no votemos por el más gritón, ni por el más popular, ni por el que regala o hace muchas donaciones, sino por el más preparado, el más correcto y que tenga un plan de gobierno viable a corto y largo plazo. Investiguemos a nuestros candidatos con todas las herramientas que nos ofrece la tecnología y, también, dialoguemos con nuestros amigos y familiares. Nuestro voto es una herramienta poderosa que debemos utilizar con conciencia, con memoria y con amor por el Perú. Este 12 de abril, elegir bien no es una opción. Es un deber.

(*) Abogado y exdecano del Colegio de Contadores Públicos de Lima

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