La paradoja electoral: cómo la derecha conservadora pavimenta el camino de López Chau
Por: Dante Seminario Vera

En la compleja dinámica de las contiendas electorales peruanas, existe una máxima no escrita pero ejecutada con rigor: en la guerra por el poder, todo vale. Esta premisa cobra mayor relevancia durante la primera vuelta, una etapa caracterizada no por la búsqueda de consensos, sino por la necesidad brutal de “desbrozar el camino”. En esta fase, el objetivo primordial es reducir el número de contrincantes, incluso si eso implica atacar hoy a quienes, con total seguridad, serán aliados indispensables para asegurar la gobernabilidad en un eventual escenario parlamentario o de segunda vuelta.
La política peruana actual se encuentra sumergida en esta lógica de depredación. Por un lado, observamos el canibalismo interno en las listas, donde los compañeros de partido buscan vacarse entre sí o desprestigiar al rival interno para captar sus votos preferenciales. Por otro lado, y de manera más estratégica, se libra la batalla por el control de sectores específicos del electorado —izquierda, centro o derecha— y por el dominio territorial en el norte, centro y sur del país. Sin embargo, en este “todo vale”, ciertos actores parecen no calcular las consecuencias a largo plazo de sus tácticas de eliminación inmediata.
El caso más emblemático de este error de cálculo lo protagoniza actualmente un sector de la derecha peruana más conservadora. Ante el pánico que genera un posible triunfo de la izquierda, y frente a la cruda realidad de que ninguno de sus propios candidatos logra despuntar en las encuestas con vuelo propio, este sector ha optado por una estrategia de escritorio: la judicialización de la política. La táctica consiste en presionar para eliminar a los rivales en la mesa del Jurado Nacional de Elecciones (JNE), asumiendo que no pueden vencerlos en las urnas.
El blanco actual de esta campaña coordinada es el partido de centro “Perú Primero”. La derecha apuesta a que, logrando la tacha de este candidato, podrán absorber los votos de ese espectro político. No obstante, este análisis carece de profundidad y podría resultar en un suicidio político. Al intentar sacar de carrera a una opción de centro, la derecha no se da cuenta de que está retirando al único “tapón” capaz de contener el desborde electoral de la izquierda.
El vacío que dejaría la eliminación de Perú Primero no sería llenado por la derecha conservadora, sino por la opción más radical que dicen combatir: Alfonso López Chau y su partido “Ahora Nación”. Sin una alternativa de centro que dispute el voto, López Chau correría prácticamente solo. No solo consolidaría la franja izquierda, sino que absorbería al electorado de centro y se quedaría sin rivales significativos en el sur del país, dejándole la cancha libre para dar el “batacazo” en primera vuelta.
La ironía es ineludible. En su afán por limpiar la mesa mediante tachas y presiones, la derecha conservadora está cometiendo el error estratégico de trabajar a favor de su enemigo político. Al eliminar los diques de contención del centro, la derecha peruana se está constituyendo, paradójicamente, en la gran aliada de López Chau.
(*) Consultor en gestión gubernamental.