Opinión

Antesala a la deserción

Por: Víctor Andrés García Belaunde

Para aparentar conocimiento militar y valor ante la población, el presidente Mariano Ignacio Prado pide permiso al Congreso después que Chile le declara la guerra al Perú, y al tomar el mando de las Fuerzas Armadas y se convierte en director supremo de la guerra.

Parte al sur del Perú y establece su cuartel general en Arica cuando debió hacerlo en Iquique si quería estar en el verdadero frente y defender correctamente nuestra provincia salitrera. Desde Arica es que “dirige” las operaciones bélicas en la comodidad de la casa de la señora María Portocarrero de Maclean y jugando rocambor en grata compañía después de realizar fatigosas decisiones para defender el territorio nacional.

Tanto fue el escándalo de los coqueteos de Prado en el antiguo puerto peruano que llegó a oídos de la señora Magdalena Ugarteche y ella sin importar la guerra y a sabiendas que los barcos de las navieras extranjeras eran revisados por la armada chilena viajó a Arica. Mi recordado amigo Héctor López Martínez me envió la noticia que corrobora esto aparecido en el diario “La Opinión Nacional” del 29/10/1879: “La señora Magdalena Ugarteche de Prado ha resuelto partir hoy para Arica para asistir a su esposo cuya salud ha sufrido algún quebranto, según últimas noticias. Va sola, es decir sin sus hijos y familia que quedan en Lima, la acompaña su hermano don Pedro Ugarteche, sabemos que regresará próximamente. La enfermedad del general Prado no es de cuidado”. La señora Magdalena se regresa a Lima entre el 8 y 9 de noviembre.

El mes de noviembre de hace 146 años, fueron de bastante tribulación para el supremo director de la guerra, en donde se demuestra su falta de preparación y la poca idoneidad que tenía para el cargo, conduciendo al país a la catástrofe que culminó en su repudiable deserción al mando supremo.

En carta a su esposa de fecha 15/11/21879 le dice: “Estamos en los momentos más supremos: probablemente mañana se librará una batalla entre nuestro ejército y el chileno, Dios sabe lo que sucederá; mientras tanto, ya puedes calcular cual será mi ansiedad y el estado de mi espíritu”. Y le añade: “Te incluyo un testimonio bien legalizado del poder que te mandé”. Pareciera que Prado estaba más preocupado en mandarle un poder con amplias facultades a su esposa para que disponga de sus bienes por su ausencia. Esta debe entenderse en el sentido de estar fuera del país, más no de muerte, ya que al morir no es necesario dejar poder alguno.

En carta de 22/11/1879 le dice a la señora Magdalena: “Si nuestro Ejército se ha perdido mi presencia aquí, ya no es muy necesaria, y puede remplazarme bien el General Montero”. Y más adelante: “Si tal sucede, te daré aviso por el cable, y también al gobierno; y tu verás el mejor modo de hacerme avisar a mi llegada al Callao lo que allí ocurra: la impresión que cause mi ida, y como seré recibido”. Y finaliza: “Para anunciarte mi nombre te diré por el cable: “Antonio vive”: este parte lo haré la víspera de mi salida si fuese posible. Si después de hecho este parte, no pudiese ir por algún incidente imprevisto, te haré otro diciéndote “Estoy bueno”.

Y el 24/11/1879 totalmente desesperado le dice a su cónyuge: “Si no fuese posible tomar el vapor por cualquiera causa, tomaré aunque sea un buque de vela…”.

Efectivamente, Prado toma un vapor comercial y se dirige a Lima dejando Arica y atrás a un Montero que tiene la pesada carga de haberse perdido la provincia de Tarapacá, mientras los restos del ejercito ya no contaba con la armada al haberse perdido los buques más importantes del Perú. Todo esto nos demuestra que su huida del país fue planificada con anticipación y nocturnidad, priorizando sus intereses personales. En mi nuevo texto demostraré con la última documentación hallada todo el entramado de una deserción que avergüenza al país y a su historia.

(*) Abogado y excongresista.

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