
En Perú, la frase “¡Hazte una!” no es un mero modismo callejero. Es un mandato cultural, casi un código de honor popular: dejar de lado las dudas, las excusas y la pusilanimidad para enfrentar el reto de frente. “¡Hazte una!” es la voz que empuja a quien vacila, a quien tiene miedo, que desenmascara al indeciso y que pone contra la pared al que prefiere mirar el techo antes que actuar.
Hoy, esa frase constituye el único grito válido frente al espectáculo vergonzoso de la inacción política, porque mientras el crimen transnacional organizado avanza con maldad y violencia despiadada, el Gobierno, el Congreso y el Poder Judicial se dedican a una maratón de silencios cómplices, trámites infinitos, conflictos y discursos huecos para tapar su incompetencia y su corrupción.
“¡Políticos: Háganse una!” no es un slogan, es una advertencia; un ultimátum moral a un grupo dirigente que cree que las balas de los sicarios se detienen con fotos, comunicados de prensa o con comisiones multipartidarias.
Si el crimen organizado actúa como ejército, ¿por qué el Estado insiste en considerarlos como delincuentes de esquina?; es hora de decisiones, y las decisiones, cuando la democracia está en jaque, deben ser contundentes, incluso incómodas para las conciencias más “puritanas”.
Cinco medidas urgentes, cinco caminos que ya no admiten excusas:
1. Penas agravadas. El que se atreve a destruir la paz social no merece el beneficio de una justicia light.
2. Detenciones masivas. Basta de perseguir a la gota cuando se sabe dónde está la fuente. La red criminal no se corta con tijeritas: se arranca de raíz y sin pedir permiso al calendario electoral.
3. Jueces civiles sin rostro. Proteger la vida de quienes juzgan y de sus familias es proteger la posibilidad misma de justicia. No se trata de esconder identidades por capricho, sino de resguardar a quienes enfrentan a mafias que no conocen límites.
4. Juicios sumarios. La lentitud judicial es la mejor aliada de la delincuencia. Mientras el expediente viaja sobre una tortuga entre oficinas, el sicario viaja en moto a matar.
5. Cárceles temporales tipo prisioneros de guerra. El crimen organizado no es delincuencia común: es un enemigo estructurado, con dirección constante y efectiva, logística y financiamiento. Exige un sistema penitenciario excepcional, que neutralice su capacidad de mando y control desde la reja.
Decir estas cosas en público suele provocar miradas de espanto entre quienes confunden derechos humanos con la complicidad involuntaria frente al crimen; pero: si el Estado no responde con firmeza, el crimen organizado seguirá escribiendo la historia a balazos y las familias peruanas seguirán enterrando a sus muertos.
Así que: “¡Políticos: Háganse una!”, porque si no lo hacen ustedes, lo hará la violencia…
(*) Exdirector Nacional de Inteligencia (DINI).
