Opinión

Análisis del incremento de la violencia a nivel global

Por: César Ortiz Anderson

Los recientes hechos de violencia acontecidos alrededor del mundo (violencia y asesinatos políticos en América Latina y EE. UU., convulsión social en Nepal, los niveles de violencia alcanzados en la guerra de Israel contra Hamás, la tensión creciente entre Rusia y la OTAN) sirven de reflexión para el presente artículo.

En los últimos años, y con mayor intensidad desde la pandemia, la violencia se ha intensificado en múltiples formas: homicidios, femicidios, extorsión, crimen organizado, terrorismo, tráfico de personas, violencia política y agresiones en espacios públicos como el deporte. Este artículo ofrece una mirada multidisciplinaria, estadística y luego desde la sociología, la psicología social, la psiquiatría y la criminología, para entender por qué se ha producido este repunte y qué significa a escala global y en el Perú.

¿Qué dicen las cifras? Tendencias globales y Perú. A nivel global. Las agencias internacionales muestran señales contradictorias: si bien la tasa global de homicidios tuvo tendencias decrecientes en la última década, se registraron picos y reversiones asociados a la pandemia y a la inestabilidad social en varios países. El Global Study on Homicide de la UNODC discute variaciones subregionales y el impacto de la crisis sanitaria en los patrones delictivos. La violencia contra las mujeres sigue siendo una emergencia global: la OMS y la ONU estiman que casi 1 de cada 3 mujeres ha sufrido violencia física o sexual en su vida, y los femicidios concentraron decenas de miles de víctimas anuales (más de 51 000 muertes relacionadas en 2023, según estimaciones de la ONU). El terrorismo y los ataques violentos muestran variaciones según regiones; el Global Terrorism Index y Vision of Humanity documentan incrementos en letalidad y dispersión geográfica en años recientes. El tráfico de personas y delitos conexos se recuperaron y aumentaron tras descensos registrados durante el confinamiento, según informes de la ONU.

En el Perú. El país ha vivido un alarmante repunte de homicidios y extorsiones entre 2023 y 2025: datos de SINADEF y del INEI señalan que 2024 fue uno de los años con mayor número de muertes violentas recientes, y agencias periodísticas y análisis independientes reportaron más de 1,800 homicidios hasta fines de 2024, con proyecciones al alza en 2025. Las denuncias por extorsión se multiplicaron en pocos años: la PNP y medios señalan decenas de miles de casos (16,000–18,000 denuncias solo en 2024 y 2025), afectando a comerciantes, transportistas y pequeñas empresas. Informes de organismos y think tanks advierten sobre la expansión de mafias y crimen organizado vinculados a la minería ilegal, el transporte y la cadena del narcotráfico, fenómenos que han contribuido al aumento de homicidios y a la sensación de inseguridad ciudadana. Human Rights Watch y el Atlantic Council documentan estas tendencias.

Sociología: desigualdad, anomia y el desgaste del pacto social Desde la sociología, el aumento de la violencia se interpreta como un efecto de la anomia social, concepto desarrollado por Émile Durkheim y retomado por Robert K. Merton. La fragilidad de las instituciones, la corrupción y la desigualdad extrema generan un vacío de normas y valores compartidos, propiciando la violencia como vía de resolución de conflictos o como estrategia de ascenso social ilícito. En sociedades como la peruana, la crisis de legitimidad del Estado y la corrupción política refuerzan este ciclo de descomposición social.

(*) Presidente de Aprosec

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