Opinión

Joselo: trayectoria, ejemplo y legado

Por: Víctor Andrés García Belaunde

Joselo como familiarmente le decíamos a mi hermano José Antonio, tuvo siempre la capacidad de llegar a todos con su tranquilidad, mesura y equilibrio. En breves lapsos de meditación llegaba a conclusiones y resolvía problemas.

El 3/10/1968 uno de los más oscuros días de nuestra democracia, como consecuencia del golpe de estado de Velasco, puso en riesgo su carrera diplomática por defenderme y rescatarme de la golpiza que recibía de un grupo de policías de asalto cuando protestaba por el quiebre del orden constitucional.

Su formación profesional fue al lado de Carlos García Bedoya y de Javier Pérez de Cuellar quien lo hizo parte de su staff en la Organización de las Naciones Unidas (ONU), allí encontró que las contrataciones de traductores se hacían en base a exámenes de ingreso que se sustentaban en traducir los elaborados discursos de nuestro abuelo Víctor Andrés Belaunde que la presidió entre 1959–1960 y que fuera firmante de su carta fundacional en 1945.

El 24/4/1985 por el atentado terrorista que sufriera mi padre Domingo García Rada, el presidente Belaunde llama a Joselo para que regrese a Lima y vea por su salud, esa fue la única deferencia que tuvo durante el quinquenio 1980-1985 a pesar de ser sobrino del presidente. Al ser elegido presidente en 1985, su compañero de la universidad Alan García, le pidió que le recomiende a un diplomático joven para Canciller, proponiendo a Allan Wagner Tizón que aún no había ascendido a embajador, desempeñándose con acierto.

Caído el gobierno fujimorista (2000), Javier Pérez de Cuellar -su maestro- fue elegido Canciller y primer ministro durante el gobierno transitorio de Paniagua, y pudo volver, pero no estuvo de acuerdo que saquen a nadie para que él cubra la vacancia forzada de alguna embajada, y esperó el retorno de un nuevo gobierno. El gobierno de Toledo lo vetó, no obstante que lo solicitaron sus cuatro cancilleres que fueron amigos de él: Diego García Sayán, Allan Wagner, Manuel Rodríguez Cuadros y Oscar Maúrtua. El motivo del veto era por ser amigo de Alan García, a pesar de no ser aprista.

Al llegar Alan García nuevamente al gobierno, Joselo es designado Canciller siendo su legado la presentación de la demanda sobre límites marítimos contra Chile ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya y la firma del tratado de límites marítimos con Ecuador; con este acuerdo se consolidó la tesis del Perú en que los tratados de 1952 y 1954 no eran de límites marítimos. Por sus éxitos el internacionalista chileno José Rodríguez Elizondo dijo que la política exterior del Perú tuvo una “estrategia brillante”. En 2011 el nuevo gobierno le propone que se quede para terminar el proceso ante La Haya, el cual aceptó por 6 meses, pero apareció otro veto conyugal por ser amigo de Alan García. Siendo su último cargo el de embajador del Perú en España nombrado en el gobierno de Kuczynski, por el Canciller Ricardo Luna y después el vizcarrismo lo cesó.

Joselo ha terminado con brillantez su carrera como ya mucho se ha dicho y perfiló una larga tradición familiar iniciada con Hipólito Unanue, José Gregorio Paz Soldán, Manuel Yrigoyen, Pedro José Rada y Gamio y mi abuelo Víctor Andrés Belaunde.

Finalmente, uno de los ejemplos que nos ha dejado es cultivar la amistad, la cual la consolidó como un valor y la conjugaba como una forma de fraternidad cultivada en grado máximo. Según Manuel Vicente Villarán el Perú tuvo personajes ilustres que fueron ministros, pero no tuvo ministros ilustres, en el caso de Joselo ambas cosas sí se dieron.

(*) Abogado y excongresista

* La Dirección periodística no se responsabiliza por los artículos firmados

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba