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¡Basta de actitudes pasivas ante la delincuencia!

Por: César Ortiz Anderson

La crisis de inseguridad pública ha alcanzado un nivel tan grave que, si no queremos colapsar y desaparecer como sociedad bajo el influjo de ideologías tan extrañas como extranjeras, este es el momento de gestar un movimiento que se constituya en un gran frente social.

Por necesidad nacional, considero que sus características deben ser las siguientes: Proactividad de todos los actores sociales: Debemos salir de la indiferencia y la inercia. No podemos seguir esperanzados y confiados en la “seguridad” que el Estado dice brindar, dado que su accionar es fallido.

No podemos seguir aceptando supuestas medidas gubernamentales que, en esencia, son más de lo mismo: descoordinadas, difusas, confusas y, sobre todo, ineficaces. Conciencia sobre la falta de una política de seguridad pública: Frente a la carencia de una política de Estado en seguridad pública y la ausencia de una estrategia efectiva para combatir la inseguridad ciudadana, debemos tomar conciencia de que no hay mejor mecanismo de seguridad que aquel que es consciente, preventivo y disuasivo. El fin del mito del “delincuente invisible”: Es imprescindible reaccionar ante esta dramática situación de violencia delictiva.

La mejor forma de hacerlo es proporcionando información que la población conoce y maneja. Para ello, es necesario el uso de mecanismos tecnológicos inteligentes que garanticen confidencialidad, anonimato y seguridad. No debemos insistir en exigir la identidad de quien proporciona el dato, pues eso lo hace vulnerable a represalias. El temor de los delincuentes: A los criminales no les preocupa terminar en las celdas de una cárcel—que, en muchos casos, funcionan como centros de planificación del crimen—ni siquiera enfrentarse a la muerte. Lo que realmente los aterra es la “delación” de su entorno, considerada como una traición para los malhechores y sus familias. Es crucial aplicar la ley no solo sobre los delincuentes, sino también sobre quienes usufructúan los productos de sus crímenes, a través de incautaciones, decomisos, pérdida de dominio de bienes y la investigación de lavado de activos.

Golpear el factor económico que motiva a delinquir es clave en esta lucha. Seguridad Ciudadana preventiva e inteligente Para obtener resultados efectivos, la inteligencia debe usarse no solo como un procedimiento operativo—demandado constantemente por la comunidad— sino principalmente como un proceso mental. Lo que realmente importa son los resultados, no la descripción de los detalles de las operaciones policiales. La información estratégica es el elemento clave para el éxito en zonas críticas del delito. Un reciente ejemplo de acción proactiva y eficiente fue la operación policial llevada a cabo en la Vía Expresa entre los puentes México y Canadá, liderada por el coronel PNP Juan Carlos Montúfar, jefe de la División de Investigación de Robos de la Dirincri. Este operativo demostró que, cuando la Policía cuenta con los recursos adecuados, cuando hay articulación con unidades tácticas y cuando la inteligencia es dirigida por expertos, los resultados son contundentes.

Este modelo de operativos debe replicarse, notificando a la delincuencia que se ha marcado un punto de quiebre. Es momento de dejar atrás las actitudes pasivas ante la delincuencia. La seguridad ciudadana en el país atraviesa un punto de inflexión, y la única solución es enfrentar al crimen con determinación. La reflexión final es ¿cómo se puede estar en contra de eliminar aquello que sistemáticamente mata y atenta contra el ciudadano común, aquel que trabaja y se esfuerza?

(*) Presidente de APROSEC.

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