
Los comedores populares se han ganado un lugar en el corazón de todos los peruanos. ¿Por qué?, se preguntarán muchos. Porque han servido a miles de peruanos que cayeron en la pobreza o extrema pobreza, especialmente a padres de familia que, debido a la terrible inflación, perdieron su empleo y se vieron incapaces de sostener su hogar.
Tal fue el caso de un trabajador de construcción civil, Tomás Quispe quien, al enfrentar una crisis económica con su esposa y cinco hijos pequeños, encontró en un comedor popular del distrito de Villa María del Triunfo —el comedor Virgen de Lourdes— la solución para la alimentación de su familia.
Desde entonces, su rutina comenzó con el desayuno en el comedor, llevando tapers para el almuerzo y la cena. Como él, muchas familias han acudido a los comedores populares en busca de sustento ante la indiferencia de las autoridades. A lo largo de los años, los gobiernos han enfrentado inflaciones incontrolables y han recurrido a los comedores populares como un apoyo clave. Con el tiempo, algunos han decidido asignarles partidas presupuestarias para evitar su cierre y garantizar que continúen sirviendo a la población necesitada.
Durante los momentos más críticos, un menú en estos comedores llegó a costar desde un sol hasta tres soles, permitiendo que las familias más vulnerables accedan a comida. Esto ha sido un motivo de peso para que los gobiernos sigan respaldando estos espacios, evitando que más hogares caigan en la pobreza extrema.
Si revisamos la historia, el Perú ha sufrido inflaciones severas, como en la década de los 80, cuando los comedores populares fueron una alternativa fundamental para las familias con escasos recursos. En cierto sentido, se asemejan a los programas de refugio en Estados Unidos, donde las personas sin hogar pueden empadronarse para recibir asistencia. La diferencia es que, en el Perú, los comedores populares están registrados y reconocidos por el Estado.
A medida que la economía del país se ha estabilizado, el gobierno continúa apoyando estos espacios, aunque algunos ciudadanos han optado por abrir restaurantes como negocios independientes, aprovechando la fama de la gastronomía peruana.
Sin duda, los comedores populares han sido un salvavidas en tiempos de crisis y han evitado que la inflación imparable convierta a miles de hogares en sinónimo de pobreza extrema. Esta experiencia debería servir para que las autoridades del próximo gobierno corrijan errores del pasado y mantengan una economía estable, asegurando que todos los ciudadanos tengan un buen poder adquisitivo sin mayores dificultades.
*Abogado y exdecano del Colegio de Contadores Público de Lima
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