Opinión

Padres y madres solteras: héroes invisibles de nuestra sociedad

Por: Tullio Bermeo Turchi

Cuando pensamos en el núcleo familiar, suele aparecer en la mente la imagen de un hogar con dos adultos compartiendo responsabilidades. Sin embargo, la vida no siempre sigue ese esquema. En nuestra sociedad, cada vez más hogares son sostenidos por un solo padre o una sola madre, quienes, lejos de elegirlo muchas veces, han asumido esa realidad con entereza. Son personas que, sin alardes, garantizan que sus hijos tengan techo, alimento y afecto, convirtiéndose en pilares fundamentales para el tejido social.

La maternidad o paternidad en solitario trae consigo un doble esfuerzo. No se trata únicamente de cubrir los gastos del hogar, sino de atender cada aspecto de la crianza: desde la alimentación hasta el apoyo escolar, pasando por la contención emocional. Esa multiplicidad de roles obliga a desarrollar una capacidad de organización casi heroica. Es allí donde se evidencia la fortaleza silenciosa de quienes, a pesar de las limitaciones, mantienen la vida familiar funcionando día a día.

Más allá de las responsabilidades domésticas, existe también un impacto psicológico que suele pasar desapercibido. Muchos padres y madres solteras enfrentan el miedo de no ser suficientes, el cansancio de no tener con quién compartir las decisiones y la carga de sentirse juzgados por la sociedad. Estos factores afectan la salud mental y emocional, pero también los empujan a ser creativos y resilientes. En lugar de derrumbarse, suelen transformar la adversidad en aprendizajes de vida que transmiten a sus hijos.

A esta situación se suman las barreras estructurales. El acceso a guarderías asequibles, horarios laborales flexibles o programas de apoyo social es insuficiente en la mayoría de regiones. Esta falta de respaldo institucional obliga a que muchos deban elegir entre el trabajo y el cuidado de los hijos, exponiéndolos a la precariedad económica. Aquí se hace evidente la urgencia de políticas públicas que reconozcan y acompañen a estas familias, garantizando igualdad de oportunidades para los niños que crecen en esos hogares.

Pero más allá del Estado, la sociedad también tiene un papel clave. Eliminar los prejuicios hacia los hogares monoparentales es fundamental para crear un entorno inclusivo. Estos padres y madres no son “incompletos” ni “menos capaces”; al contrario, suelen desarrollar habilidades admirables para sostener a sus familias. Valorarlos significa reconocer que, con sus limitados recursos, logran lo que a veces familias con más apoyo no consiguen: criar hijos responsables, empáticos y conscientes del esfuerzo que implica salir adelante.

Finalmente, la mayor enseñanza que dejan los padres y madres solteras no es solo la capacidad de resistencia, sino la prueba viviente de que la familia se define por la calidad del amor y del compromiso, no por el número de adultos que la conforman. Ellos nos recuerdan que el futuro se construye con perseverancia, sacrificio y ternura, y que en esos valores se encuentra la verdadera fortaleza de una sociedad.

(*) Juez Superior Titular de la Corte Superior de Justicia de Ucayali.

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