
Una vez más, como tantas veces en el pasado, de manera perversa, se están alineando los tres astros premonitores del mal: la ignorancia, la envidia y el rencor. Me refiero a los promotores de la antiagricultura empresarial en nuestro país. Una vez más, el populismo, la demagogia y la politiquería barata pretenden malograr la exitosísima historia de progreso económico y bienestar social de nuestra agricultura exportadora.
La agricultura empresarial peruana es un éxito ampliamente reconocido y comentado a nivel mundial, excepto para ciertos políticos nacionales, incluidos algunos periodistas, académicos y dirigentes sociales que, por cuestiones ideológicas y psicológicas, jamás valorarán los logros alcanzados en las estupendas plantaciones frutícolas y hortícolas de Ica, La Libertad, Lambayeque, Piura y otras regiones de nuestro país.
Concretamente, en el caso de Ica, dichos personajes sostienen que la escasez de agua potable para la población iqueña se debe a que las empresas agrícolas se la llevan toda.
¿Acaso no es sabido que el suministro de agua potable está a cargo de las Entidades Prestadoras de Servicios de Saneamiento (EPS), de propiedad de las municipalidades provinciales? ¿Y que, a nivel distrital y rural, el agua potable está a cargo de las Juntas Administradoras de Servicios de Saneamiento (JASS), manejadas por los municipios distritales?
Más bien, lo que se debería reconocer es que el esquema, el de las empresas municipales de agua potable, fracasó. La mayoría de EPS y JASS están quebradas financieramente. La corrupción y el clientelismo político las quebraron. Yo puedo dar fe de ello. Las EPS y JASS de la Región Ica son, casi todas, antros de corrupción e inoperancia. Por eso los iqueños no tienen agua potable en sus viviendas.
Dejémonos de hipocresías. La institucionalidad del agua para uso domiciliario tiene que cambiar. La salud de millones de compatriotas está en juego. Una entidad pública autónoma, especializada, profesional y meritocrática, tipo Banco Central de Reserva (BCR), que no dependa de los alcaldes de turno, eso es lo que se necesita. Los alcaldes cambian a cada rato. Y con ellos cambia también gran parte del personal de las EPS y JASS. Clientelismo político puro y duro. ¡Ese es el problema!
Repito, los iqueños no tienen agua potable en sus viviendas por culpa de sus autoridades municipales. Y lo mismo sucede en el resto del país. Los acuíferos de Ica tienen agua para atender a la población. Es falso que los acuíferos iqueños se hayan agotado. ¿Cuántas veces habré escuchado decir que “a la agricultura iqueña le quedan cinco años de vida”?
Lo que no dicen estos agoreros de desgracias hídricas es que, aparte de las recargas naturales e inducidas de los acuíferos, todos los ríos del Perú vierten al mar, todos los años en las temporadas de lluvias, como ahora, cientos de millones de metros cúbicos de agua dulce. ¿Por qué no hacen algo para guardar parte de esas aguas sobrantes?
CONCLUSIÓN: El Perú tiene agua. Ica tiene agua. Agua para su población y agua para su agricultura. En nuestro país no hay falta de agua. Lo que falta en Ica, y en todo el país, es mejorar la gestión del agua.
(*) Exgobernador regional de Ica
