
Roberto Sánchez es un individuo sin brillo, sin carisma, sin cualidades a resaltar. Es un híbrido copista. Engañó al voto sureño pretendiendo ser la encarnación o el alter ego de Pedro Castillo usando su sombrero chotano. Tangencialmente le expropió el partido a Yehude Simon con una facilidad maquiavélica. En el Perú ya lo hemos dicho muchas veces, cualquier hijo de vecino puede ser presidente. Y la historia lo confirma. Además, tiene al demente Antauro Humala como consejero y asesor, lo que le garantiza una serie de votos odiadores etnocaceristas en provincias y permanente exposición mediática.
Sabemos que el psicópata de Antauro debería estar en un manicomio y no libre en la calle, siendo uno de los principales apologistas de Sendero Luminoso. En el tema eclesial, intentará imponer la religión tahuantinsuyana que preconizará rituales alSol, la Luna, a la Pachamama y cuanto disparate se le ocurra.
Esto es Juntos por el Perú: Un peligro real para el Estado republicano de derecho, las libertades fundamentales, la economía y el bien público nacional. En consecuencia, una gran parte del país tiembla ante la posibilidad de que esta lagartija de Roberto Sánchez, disfrazado de político, sea el nuevo mandatario. Si JP entra a segunda vuelta electoral, ipso facto, los capitales peruanos correrían presurosos hacia el extranjero, evitando una futura confiscación. El dólar subiría como espuma, la Bolsa al suelo, la venta de propiedades se incrementaría y el caos económico generalizado sería el siguiente paso.
Expectorar a Julio Velarde del BCR e indultar al ladrón de gallinas de Pedro Castillo serían sus dos primeras acciones políticas. Y la tercera, convocar a un referéndum de Asamblea Constituyente tipo Hugo Chávez en el Perú.
El gran reto es que el republicanismo y la democracia constitucional gane esta elección. Sea Keiko o López Aliaga. Y lanzar al basurero de la historia todo intento de marxismo, leninismo y comunismo insurreccional evidentemente destructor. Y sentar las bases del desarrollo hacia el futuro. La tarea es inmediata y vital. Pobre Perú.
(*) Analista político

