
Las elecciones del 2026 ya fueron convocadas, tanto para la plancha presidencial como para las listas parlamentarias, esta vez con la vuelta del bicameralismo con Cámara de Diputados y Senado de la República.
Además, se encuentra por vencer el plazo legal para la inscripción de alianzas electorales entre agrupaciones políticas, 43 de ellas con la prerrogativa de presentar candidatos a planchas presidenciales y listas congresales, dos de ellas por lo menos ya han acordado presentarse juntas en alianza para dicho proceso electoral.
Lo que llama intensamente la atención es el poco interés de los partidos políticos en formar alianzas, lo que genera que el formulario de votación sea inmensamente largo, que el escrutinio de los votos tenga mayor duración que lo habitual, que el llenado del acta electoral sea más complejo, tedioso y, encima, dure muchísimo más.
Si bien es verdad que la proliferación de partidos políticos es consecuencia de la reforma del sistema electoral proyectada por Fernando Tuesta e impulsada por Martín Vizcarra. Con la reforma se cambiaron las listas de adherentes por la de militantes para la inscripción de nuevos partidos o reinscripción de los que perdieron su matrícula. Esto generó que se redujera el número de personas que tenían que respaldar la inscripción. Antes eran muchos miles de adherentes, ahora son mucho menos los firmantes, aunque ya no adherentes sino militantes.
Para el futuro será indispensable volver a las firmas de adherentes en lugar de militantes, pero ahora la solución a la problemática expuesta serían las alianzas electorales.
La lógica nos dice que los partidos que tienen similar pensamiento o doctrina política, así como concepciones similares respecto al manejo del Estado, como analogía en sus programas de gobierno, deberían estar, si es que no fusionados, por lo menos aliados. Si ello no sucede, por más que la lógica lo demande, lo que habría que establecer es el porqué de la falta de alianzas y la respuesta creemos que no es otra que el ego de los que podrían presidir las planchas presidenciales, en que a soterrada voz señalan: nos aliamos, pero a condición “de que sea yo quien presida la fórmula presidencial”. Olvidan que cuatro o cinco pigmeos no hacen un gigante.
Muy lamentablemente se están anteponiendo intereses personales a los nacionales y estaríamos repitiendo lo sucedido en el 2021, que ante el hartazgo de la población por lo que acontecía en esos tiempos, el egoísmo y soberbia de los pretendientes a la primera magistratura de la República materializó su enfado y protesta llevando a Pedro Castillo al “Sillón de Pizarro” en Palacio de Gobierno.
Así no se concreten las alianzas, por lo menos debería existir el compromiso de los partidos de centro y centro derecha, que son los que más representan al interés nacional, comprometerse públicamente con los principios, postulados y desarrollos del “Acuerdo Nacional”, lo que bien podría ser promovido por el organismo técnico de dicho Acuerdo.
¡Defendamos nuestra patria! y ¡No permitamos que se la lleven los que quieren destruir las ilusiones de los peruanos por un país mejor!
(*) Expresidente del Consejo de Ministros
* La Dirección periodística no se responsabiliza por los artículos firmados
