Opinión

Anemia y desnutrición infantil

Por: Ántero Flores-Aráoz

El Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) ha expresado en sus análisis cualitativos y cuantitativos al año 2024 que la anemia infantil afectó al 43.7% de los niños menores de tres años. 

Aún no contamos con cifras oficiales al año 2025. Sabemos, porque los expertos nos lo han repetido hasta el cansancio, que la anemia y la desnutrición infantil tienen nefastas consecuencias para los afectados, como son, entre otras, el retraso en el desarrollo cognitivo, la reducción de la capacidad de atención y concentración de los educandos, su bajo rendimiento académico, así como limitaciones en la adultez para alcanzar metas y objetivos. Como vemos, no es gratuito el hecho de que, como país, estemos relegados en temas como la comprensión de lecturas por los estudiantes y su falta de capacidad para las matemáticas. 

El excongresista Juan Carlos Eguren explicaba públicamente que “no habrá futuro promisorio y no tiene sentido hablar de reducir la pobreza, igualdad de oportunidades, justicia y movilidad social o de terminar con el resentimiento, si no abordamos la anemia y la desnutrición infantil”. Supusimos, aunque ingenuamente, que en los debates presidenciales auspiciados por el JNE para las justas electorales del 2026 se tocaría el tema y se propondrían soluciones, pero lamentablemente hubo silencio colectivo, salvo algún candidato que propuso, en las escuelas del Estado, aumentar el otorgamiento de raciones alimenticias gratuitas a tres al día, olvidando que ello significará salir de las escuelas más tarde, coincidiendo con las salidas de los trabajos, lo que perjudicará más aún el caótico tráfico que ya sufrimos. 

Hace casi dos décadas, en el segundo gobierno de Alan García, su cónyuge, doña Pilar Nores de García, inició —y hasta ahora lo propicia y continúa— el programa de las “chispitas” salvadoras para contribuir con la alimentación infantil, lo que se complementaba además con las famosas cocinas mejoradas para las zonas altoandinas, con las que se reducía la contaminación domiciliaria del medio ambiente. Como penosamente somos un país de envidiosos, que no reconoce méritos ajenos y que es incapaz de dar continuidad a los buenos proyectos, simplemente no hace nada, ni correcto ni incorrecto, para seguir con las famosas “chispitas”. 

Ni siquiera los candidatos del APRA se han ocupado del tema y, como también se dice, salvo error u omisión (s.e.u.o.). También el “flaco” Eguren, como sus amigos llamamos a Juan Carlos, ha expuesto que “…es fundamental prevenir y tratar la anemia para asegurar el desarrollo intelectual y cognitivo saludable”, agregando que “esta tragedia está directamente vinculada con el 43% de los niños en situación de pobreza y el 38% de los jóvenes entre 15 y 29 años que no estudian”, aunque agregaríamos que tampoco trabajan y que son los famosos “ninis”, que reduce la frase de “ni estudian ni trabajan”. Esperemos que esta breve columna motive a nuestros futuros gobernantes y parlamentarios para que, en lugar de dilapidar recursos públicos en populismos o sandeces, los destinen a enfrentar la anemia y la desnutrición infantil. 

(*) Expresidente del Consejo de Ministros 

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