Opinión

José Antonio García Belaunde

Por: Ricardo V. Lago

Día muy triste anteayer (4/7/2025). Nos dejó José Antonio García Belaunde. Un gran peruano. Diplomático excepcional, intelectual, crítico literario, estudioso como nadie, muy buen padre, amigo leal, honrado y honesto como hay pocos. Deja un gran vacío.

Joselo fue uno de los primeros amigos que hice en Perú. Le conocí en 1988, en una cena en casa de Roberto Abusada. Una amistad de más de tres décadas: incondicional, impoluta, inquebrantable.

Cuando Alan le nombró canciller en su segundo gobierno me impactó una cualidad que pocos ministros exhiben: un afán por ser sencillo y humilde; más que antes de serlo. Fue el ministro clave del segundo gobierno de Alan, que, a mi juicio. ha sido el mejor de la historia de la República. La opinión de Don José (que era como Alan se refería a él, cuando había otros delante) era la que más respetaba.

Sus logros diplomáticos ya están en los obituarios. Lo mío es rescatar un par de vivencias. Una: en 1991, hicimos el descenso del rio Cañete desde Lunahuaná, con sus hermanos Vitocho y María Luz. Fue en una de las muchas escapadas de fin de semana a la casa de Vitocho en Cerro Azul, con baños abundantes en Cerro Colorado y las tertulias nocturnas. Otra: en agosto del 2011, a la entrada de la biblioteca de la Universidad de Coimbra acompañado de mi amiga FC, me cruzo con un señor, me doy la vuelta y él se da la vuelta. Era Joselo. Quedamos para cenar en un restaurante de fados en La Alfama. Durante la cena Joselo le suelta a FC: no sabía que estabais juntos, pero no te preocupes porque desde hoy soy “el Ciego de Coimbra.”

La valentía y dignidad con la que ha encarado su corta pero fulminante enfermedad, son para quitarse el sombrero. Acompañado de Eva, una gran mujer, un gran amor, y una gran compañera. Estuve conversando con Joselo tres horas en Madrid hace tres semanas. Lúcido como nunca, sereno, risueño y risueño como siempre. Ni una palabra sobre su enfermedad. Ni una queja. Ni una reclamación a nadie y por nada.

Se nos marchó el “niño dios” como cuenta Vitocho que Mercedes, su madre, le apodó el día en que nació.

Mi más sentido pésame a Eva, a sus hijas y a sus hermanos.

Descansa en Paz querido Joselo. ¡Genio y figura hasta la sepultura!

(*) Economista, actual profesor de la Universidad de Miami y exasesor del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

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