Opinión

Un bicentenario de vergüenza

Por: Víctor Andrés García Belaunde

Desde que empecé a estudiar la figura del controvertido Mariano Ignacio Prado y su paso por la historia del Perú solo he encontrado encubrimientos, mentiras y hasta burdas falsificaciones. Publicarlas en una sólida investigación me costó dos acusaciones constitucionales de los descendientes del general Prado: porque atentaba contra la figura de un “prócer” y por haber malversado dineros del estado al no dedicarme exclusivamente a mi labor parlamentaria al escribir un libro de historia.

Todo ello lejos de desanimarme me alentó para seguir investigando al general Pra- do y no obstante el tiempo transcurrido seguí recopilando más documentación que exponen la realidad del personaje y su avidez por la fortuna fácil a través de violentar las arcas públicas; siendo lo peor, el saqueo de las riquezas del país en plena ocupación por un enemigo implacable al que le pagaba el cupo respectivo y lograba seguir enriqueciéndose a costa de la desgracia del Perú. Lamento comprobar que Francisco Quiroz no haya historiado la corrupción de Prado.

Entre otras cosas que he encontrado, está la compra de los monitores Manco Cápac y Atahualpa donde autoriza por ley su adquisición; cuando su familia estaba en Chile entre 1874 y 1876, estaban amparados por José Francisco Vergara y su esposa Mercedes Álvarez en Viña del Mar; curiosamente fue Vergara el ministro de Chile en campaña que en enero de 1881 destruyó Chorrillos; abastecía de carbón (su mina nunca dejó de funcionar) a la armada de Chile en plena guerra; y mientras el Perú se desangraba adquiría terrenos para construir su ferrocarril y unir sus minas en Arauco; el contrato Prado-Raphael resultó ser sumamente dañino para el Perú y sus cláusulas beneficiaron a sus amigos y a él; pagó puntualmente sus contribuciones de guerra al estado chileno porque poseía en aquel país una mansión en Viña del Mar, una empresa minera de carbón, concesionó la isla Juan Fernández, tenía una hacienda en Coinco, etc. (de no pagar su contribución hubiese sido expropiado).

Se fue del Perú aquel 18 de diciembre de 1879 usando una norma caduca, dejando al país una señal de derrotismo y vergüenza que ha llegado hasta nuestros días el que ha sido contado tibiamente como un acto de desesperación y error político, cuando en realidad desertó del mando supremo porque no quería pelear contra sus socios chilenos y por la cobardía inherente en él, la cual es fácil de demostrar con solo ver como le escribe a su esposa para que no salga de su domicilio y no la mancillen con palabras impropias. Sabía lo que había hecho y no le importó nada mientras vagaba por el mundo diciendo que iba a traer elementos para la guerra, convirtiéndose en el primer exmandatario en dar la vuelta al mundo cuando su país estaba en guerra. Devastadas las ciudades del Perú y Prado siendo militar no estaba en un frente de batalla sino paseando por Yokohama, Macao, Hong Kong y Suez. Y lo que causa estupor es conocer que mientras Lima se defendía de la invasión y morían sus mejores hijos, Prado surcaba el Atlántico en un camarote de lujo, “sufriendo” por algún mareo.

Tan falso es Prado que hasta su fecha de nacimiento no es cierta. Se inventó que nació en 1826 y no como sucedió realmente en 1825. Todo esto ocurre porque un niño del matrimonio Prado-Ochoa nació muerto el 20/5/1825, por eso nos preguntamos ¿ es posible que la señora Ochoa de Prado haya dado a luz dos criaturas en menos de siete meses? (por eso sus descendientes cambiaron el año de nacimiento). Y para seguir con el engaño el general Prado nació el 17/12/1825, como se puede advertir de su propia partida de bautizo.

Con Prado se fabricó un héroe, un prócer y un falso valor que en dos días algunos despistados celebraran que naciera alguien así hace 200 años.

Próximo a publicar el primer tomo de “El Expediente Prado” en una edición corregida y aumentada, debo agregar que el segundo tomo será tan documentado como el primero, donde demostraré como un sereno convertido en militar se aprovechó de la desgracia de toda una nación para hacerse más rico con la guerra que Chile le declaró al Perú, mientras nuestro país era arrasado y su pueblo se moría de hambre.

(*) Abogado y excongresista.

 

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