Votar con responsabilidad: el deber que nos dejó la lucha contra el terrorismo
Por: Carlos Tello Aliaga

Los peruanos de mi generación vivimos los años del miedo: apagones que sumían ciudades enteras en la oscuridad, coches bomba que desgarraban familias, la incertidumbre de no saber si un amigo o ser querido volvería con vida. En el campo, las organizaciones terroristas ocuparon el vacío del Estado, sometiendo a la población con violencia y asesinando a quienes no se doblegaban: civiles, militares, policías, clérigos y campesinos.
Quienes vestimos el uniforme dejamos nuestros hogares por largos periodos, confiando la crianza de nuestros hijos a nuestras esposas, mientras caminábamos entre la vida y la muerte. Participé en operaciones sensibles, fui herido y vi caer a compañeros que, agonizando, pedían por sus familias más que por ellos mismos. Fuerzas Armadas, Policía y Comités de Autodefensa enfrentamos a un enemigo cruel que no respetaba la vida ni la dignidad humana. Ese fue el costo de nuestra generación.
Ese Perú existió y no podemos permitir que se olvide. Hoy, casi cuatro décadas después, preocupa cómo se distorsiona lo vivido, cómo se construyen relatos que confunden a las nuevas generaciones y pretenden equiparar a quienes defendieron al país con quienes lo atacaron. No se trata de ideologías, sino de verdad histórica: un país que desconoce su historia puede repetirla y perder su capacidad de defender la democracia.
Los jóvenes no vivieron las explosiones ni los toques de queda, no estudiaron con velas ni despidieron a sus padres sin saber si regresarían. Gracias a Dios que no lo vivieron, pero deben saber que la paz actual no es casualidad: costó sangre, sudor y lágrimas, la vida de miles de peruanos con o sin uniforme. Otros llevamos cicatrices visibles e invisibles de una lucha que marcó nuestras vidas. Por eso, en cada proceso electoral, votar no es un trámite ni una obligación más: es un acto de responsabilidad con la historia del Perú, la forma más concreta de honrar a quienes dieron su vida para que hoy vivamos en democracia. No votar, hacerlo sin informarse o con indiferencia es renunciar a esa responsabilidad y darle la espalda a ese sacrificio.
Hoy los desafíos son otros: la desinformación, la manipulación y la narrativa que presenta a la delincuencia terrorista como “luchadores sociales”. Esa tergiversación debilita a la nación. Como veterano de la pacificación, no puedo callar: no olvidemos, no permitamos que otros nos cuenten una historia distinta, no reduzcamos el sacrificio de miles de peruanos al silencio o la indiferencia.
El país necesita ciudadanos conscientes, que entiendan que su voto tiene consecuencias y que el futuro del Perú depende también de ellos. No desaprovechemos nuestra posición geoestratégica, nuestras riquezas naturales, nuestro mar, minerales y agroindustria. Hemos pagado demasiado caro el precio de la indiferencia; nuestra generación no dudó en dar la vida cuando la patria se desmoronaba. Seamos dignos de ese sacrificio votando responsablemente.
Si ignoramos la historia, si relativizamos los hechos, si dejamos de asumir nuestra responsabilidad, su sacrificio habrá sido en vano. Terrorismo nunca más. ¡Viva el Perú!
(*) Contralmte(r) Veterano de la Pacificación Nacional
