
En un país saturado por la confrontación y el desgaste institucional, resulta notable que una película genere debate y hasta suspicacias, pero no por escándalos, sino por revivir un acto de coraje auténtico. Chavín de Huántar lo logra al reconstruir la operación militar de 1997 desde una perspectiva que privilegia la épica militar y la humanidad del soldado por encima del cálculo político.
La cinta proyecta una decisión audaz: excluir deliberadamente toda disputa partidaria, incluyendo la figura de Alberto Fujimori. Esta elección, que para algunos resulta incompleta o incómoda, permite un objetivo mayor: rescatar la operación como un acto de profesionalismo militar, no como un trofeo político; al mismo tiempo expone, más claro que sutilmente, la portada de un diario “El Tunel Sí Existe” que no acusa, sino que denuncia simbólicamente la responsabilidad mediática durante la operación como pasivo aún no subsanado.
Esta postura funciona casi como una rebelión artística; el mensaje es claro: el heroísmo no necesita un partido que lo explique ni una corriente ideológica que lo tergiverse.
La película apuesta por un heroísmo profesional y humano. El Comandante Juan Valer emerge como símbolo del soldado que entrena, actúa y, si es necesario, muere por cumplir su deber; no es presentado como un superhombre, sino como un padre y esposo cuya valentía se hace más grande cuanto más se muestra su dimensión íntima. Esto permite que el público recuerde que detrás del uniforme hay historias reales y sacrificios familiares invisibles; superando incluso cualquier afán de protagonismo particular o corporativo.
En la dimensión política más profunda, el film ofrece un gesto imprescindible: restituir la imagen institucional de las FF.AA. en tiempos de desconfianza, corrupción y polarización; Chavín de Huántar recuerda que el Perú tuvo —y tiene— militares capaces de ejecutar operaciones impecables, disciplinadas y éticamente sólidas. La película no entra en polémicas porque entiende algo esencial: la historia del país no puede seguir secuestrada por una narrativa de disputas ideológicas ni partidarias.
El resultado: la reafirmación de la institucionalidad militar como un pilar del Estado, demostrando que el cine puede construir identidad sin caer en propaganda ni en revisionismos forzados. Frente a un entorno cultural donde a veces predomina el arte que censura o distorsiona según agendas, este film elige contar una verdad dura, humana y altamente inspiradora, mostrando que el cine bien hecho e intencionado puede ser más útil que mil discursos y declaraciones políticas.
Chavín de Huántar termina siendo un aporte necesario al Perú actual no solo por revivir una gesta, sino por devolver al Perú la épica militar que la política y la ideología nos arrebató.
(*) Exdirector Nacional de Inteligencia (DINI).





