Opinión

Acerca de los detractores de nuestra agricultura empresarial

Por: Fernando Cillóniz Benavides

Solo la envidia o la mediocridad pueden explicar la fobia que algunos sienten por el éxito de la agricultura empresarial de nuestro país.

Efectivamente, una vez más, la envidia y la mediocridad están al acecho de la agricultura empresarial en nuestro país. De manera perversa, el firmamento político muestra el alineamiento de los cuatro astros premonitorios del mal: la ignorancia, la envidia, el rencor y el egoísmo. Una vez más, el populismo, la demagogia y la politiquería pretenden malograr la exitosísima historia de la agricultura peruana de los últimos 25 o 30 años.

Si de leyes se tratara, la Ley de Promoción Agraria, derogada cobardemente por el expresidente Sagasti, y su complemento, el Régimen Laboral Agrario, constituyeron dos de las normas que más bienestar social haya jamás propiciado la frondosa y generalmente poco efectiva legislación peruana. Los tan comentados y admirados “pleno empleo” y “progreso socioeconómico” de Ica y Chavimochic están sustentados, en gran medida, en el extraordinario desarrollo de nuestra agricultura, precisamente a partir de la aplicación de dicha ley.

La agricultura empresarial peruana es un éxito reconocido y valorado a nivel mundial, excepto para ciertos políticos locales, incluidos algunos periodistas, académicos y dirigentes sociales, que jamás reconocerán lo que ha pasado en los estupendos huertos frutícolas y hortícolas de nuestra costa.

Las irrigaciones de Chavimochic y Olmos, la Hermandad del Agua entre Ica y Huancavelica, el riego tecnificado, la recarga de los acuíferos… hemos dado pasos gigantes respecto al desafío del agua. Y ojo, seguimos botando cualquier cantidad de agua dulce al mar.

En materia sanitaria, nadie nos gana en control integrado de plagas. Además, gracias al SENASA, hemos avanzado mucho en el control de la mosca de la fruta. A tal punto que nuestras frutas frescas son aceptadas en prácticamente todos los mercados del mundo. La pequeña agricultura, incluso la de la sierra y la selva, está cada vez más presente en las exportaciones de café, cacao, jengibre, aceite de palma, paltas, mangos, bananos, granadas, cítricos, espárragos, alcachofas, quinua, cebollas, pimientos…

La agricultura empresarial de nuestro país constituye la máxima expresión de tecnología y modernidad. En automatización, digitalización, riego y fertilización tecnificada, genética de plantas y animales, manejo integrado de plagas, post cosecha… tenemos lo mejor de lo mejor. Y en materia de gestión empresarial, lo mismo. Nuestros costos suben, fundamentalmente por el aumento de las remuneraciones de los trabajadores, pero también sube nuestra productividad. Competimos de igual a igual, y hasta mejor, con las más modernas agriculturas del mundo.

Pues bien, la fobia al éxito empresarial en el agro y el populismo político… eso que tanto analizamos y advertimos que podría echarlo todo a perder, está vivito y coleando. ¿Tanta envidia sienten por el éxito de otros peruanos? ¿Tanto les cuesta, a esos negacionistas, aceptar el fracaso de la Reforma Agraria de los años 70? Pues parece que sí.

Muchos peruanos estamos indignados a este respecto. Y yo, como hombre de campo que he sido toda mi vida, más aún. Prometo hacer TODO lo que esté a mi alcance para defender y respaldar a quienes propiciaron tanto progreso, trabajo y bienestar en nuestro país. Me refiero a empresarios, técnicos, científicos, docentes, trabajadores, funcionarios, proveedores, comerciantes, consumidores… a TODOS.

(*) Exgobernador regional de Ica.

* La Dirección periodística no se responsabiliza por los artículos firmados

 

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