Guerra sucia en campañas electorales para “bajarse” a los favoritos
Por: Katherine Ampuero Meza

Algo que siempre se encuentra presente en las campañas electorales en la famosa: “guerra sucia” centrada en la desinformación. Cuando un aspirante se perfila como ganador, no sólo emergen ataques externos; con mayor frecuencia la agresión más letal viene desde dentro: rivalidades internas en la propia agrupación política que buscan neutralizar a quien amenaza segmentos de poder o liderazgos establecidos.
Dentro del partido, la competencia por candidaturas, recursos y posiciones genera incentivos para tácticas despiadadas. Filtraciones interesadas, audios sacados de contexto, denuncias falsas, acusaciones morales y maniobras para desprestigiar a un compañero se diseñan con el propósito de “bajarlo” sin importar la verdad.
La envidia y celo político para quien se perfila como ganador(a) se vuelven lapidarios. Esa guerra interna no sólo elimina adversarios; desgasta la cohesión partidaria, fractura el mensaje y ofrece munición a opositores.
Peor aún, cuando los ataques surgen en los días decisivos, dejan poco margen para la verificación pública y convierten a la rumorología en factor determinante. A esa dinámica se suma la complicidad de ciertos medios que, bajo el ropaje de prensa responsable, protegen intereses económicos o alianzas.
Cuando un candidato representa una amenaza para negocios mediáticos, anunciantes o relaciones políticas, el tratamiento informativo cambia: se publican “exclusivas” sin contraste y se da espacio desproporcionado a rumores. Este periodismo interesado actúa por encargo explícito y muchas veces responde a la preservación de modelos de negocio, acceso institucional o afinidades ideológicas. Con estas acciones la agenda pública se distorsiona y la percepción ciudadana se contamina justo cuando la decisión es más sensible.
Las tácticas combinadas —sabotaje interno y medios que amplifican falsedades o medias verdades— buscan explotar la velocidad de las redes sociales con Bots, cuentas falsas y mensajes virales para multiplicar el alcance.
Así, la duda sembrada en el electorado sustituye al debate sobre propuestas, y la contienda pasa a depender de narrativas manipuladas más que de méritos políticos. Necesitamos cambiar la clase política sucia con prácticas denigrantes.
Si no enfrentamos la guerra sucia interna y la desinformación mediática con voluntad colectiva, la democracia pierde la posibilidad de elegir con criterios de fondo y legitima el triunfo de quien mejor manipula la información y no de quien mejor representa intereses públicos y legítimos de la ciudadanía.
(*) Abogada penalista y exprocuradora del caso Odebrecht
(*) Candidata al Senado por Renovación Popular con el número 4.

