Opinión

Vanidad escolar

Por: Ántero Flores-Aráoz Esparza

La mamá de una niña que es mi ahijada de bautismo termina su primaria en un colegio modesto, del sector privado y de un barrio con vecindario que seguramente pasa penurias para su sostenimiento, en el que no siempre los jefes del hogar gozan de empleo permanente y tienen que hacer infinidad de sacrificios para sufragar los gastos de la educación de sus hijos, como son matrículas, pensiones, movilidad, libros, cuadernos y demás útiles escolares, sin olvidar adicionales que, si bien no están presupuestados, siempre caen de sorpresa y peor que balde con agua helada.

Bueno, pues, en esos colegios vecinales o del barrio, sea por iniciativa del plantel escolar, sea por la de los padres e incluso por presión estudiantil, se hacen festejos de promoción, no solo cuando se termina la etapa escolar —en que podría ser razonable—, sino también al concluirse la educación primaria y, aunque parezca insólito, muchas veces se hacen “fiestas de graduación” del nido o de la educación preparatoria.

La mamá de mi ahijada, esto es, mi “comadre”, cuenta de todos los esfuerzos familiares para que la hija pueda tener su graduación de la primaria, habiendo hecho para ello una “chanchita” entre sus allegados, agregando que “todo lo que he podido recaudar es para su promoción, lo cual incluye el agasajo para ella, también la casaca de promoción, las fotos que le tomarán para su anuario y su recuerdo, que es una medalla”.

Agrega la mamá de la graduanda que “… la fiesta de promoción será en los primeros días de diciembre, y claro, es ahí donde tengo que llevarla vestida con su traje de gala (voy a alquilarle su vestido y zapatos y mandaré que le hagan su peinado)”.

La verdad es que no puedo comprender tanta vanidad que compite con el sacrificio, vanidad para festejar lo que puede ser una simple ceremonia escolar, transformada en fiesta, vestimenta, recuerdos y largo etcétera, hasta incluso ¡llevar en la realidad a una mocosa a la peluquería!

Sea que los padres de familia o sea el colegio quien estimule o solo permita tanto gasto inútil y desmedido, en nada colabora con la educación de los escolares; diría que es todo lo contrario, esto los perturba, dando ejemplo negativo y es aplauso a la vanidad, que es un defecto y que de virtud no tiene nada.

Lo que tenemos que reclamar a las autoridades del sector educación, como son las “Ugeles”, es que hagan su tarea de fiscalización para impedir tamañas, indebidas y onerosas festividades. Es más que probable que en graduaciones universitarias, de centros de educación superior tan famosos como eruditos —llámense Harvard, Stanford, MIT, Oxford, Cambridge, Complutense y Sorbona— no encontraremos los festejos de las escuelas barriales de nuestra patria. ¡Socorro!

(*) Expresidente del Consejo de Ministros.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba