Opinión

La situación del adulto mayor en Perú

Por: Francisco Diez-Canseco Távara

En el Perú, los adultos mayores —más de cuatro millones de personas— constituyen un sector creciente de la población, pero a la vez uno de los más olvidados por el Estado. Su realidad combina el abandono social, la precariedad económica y la falta de políticas públicas coherentes. La mayoría sobrevive con pensiones miserables o sin ningún ingreso formal, dependiendo de la solidaridad familiar o de los programas asistenciales que no alcanzan para cubrir sus necesidades básicas.

La informalidad laboral que caracteriza a nuestro país durante décadas ha producido una generación de personas mayores que no acceden a jubilaciones dignas. Solo una minoría recibe pensiones del sistema privado o de la ONP, y estas son en su mayoría insuficientes frente al costo de vida actual. A ello se suma un sistema de salud colapsado que los discrimina, con citas médicas que demoran meses, falta de medicamentos y una atención deshumanizada que vulnera su dignidad.

La soledad es otro drama silencioso. Muchos adultos mayores viven abandonados o sufren maltrato físico y psicológico, incluso dentro de sus propias familias. El Estado carece de un sistema de seguimiento efectivo y las municipalidades, llamadas a protegerlos, no cuentan con recursos ni capacitación adecuada.

El envejecimiento poblacional es un fenómeno irreversible. En diez años, los mayores de 60 años representarán casi el 20 % de los peruanos. Sin embargo, no existe una estrategia nacional de envejecimiento activo que promueva su participación productiva, cultural y social. Es urgente diseñar políticas que reconozcan su experiencia y los integren al desarrollo, en lugar de confinarlos a la marginación.

El respeto al adulto mayor no es solo una cuestión humanitaria: es un indicador del grado de civilización de una sociedad. Un país que olvida a quienes le dieron su trabajo y sabiduría pierde su alma.

Perú Acción, en su programa de gobierno “Mano de Hierro”, propone un plan nacional de dignificación del adulto mayor, con pensiones mínimas universales, salud preferente y programas de inclusión y capacitación —como Chamba 65— que devuelvan a nuestros mayores el lugar que merecen: el del respeto y la gratitud.

(*) Presidente de Perú Acción
Presidente del Consejo por la Paz

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