
Tras el estallido de la denuncia escandalosa en Argentina, comenzó la cacería contra los tres acusados. Gente que poco o nada sabe de fútbol empezó a condenar sin misericordia, echando más leña al fuego.
Una denuncia por violación sexual es gravísima. Y si involucra al mundo del fútbol internacional, se convierte en un bombazo mediático. Se trata de un delito que implica violencia, una agresión contra la libertad humana para satisfacer deseos sexuales, poniendo incluso en riesgo la vida.
Por eso, antes de emitir juicios, hay que exigir pruebas: exámenes médico-forenses, testimonios, registros documentales, videos.
Aquí nos centraremos en el escándalo deportivo. Es cierto que hubo dos jóvenes argentinas en el hotel de concentración de Alianza Lima en Montevideo.
¿Cómo llegaron a alojarse en un hotel tan costoso?
¿Quién las invitó a la habitación compartida por Carlos Zambrano y Miguel Trauco?
¿Nadie del plantel se dio cuenta? ¿Las cámaras no detectaron el ingreso femenino?
Son muchas preguntas, pero el fondo del asunto es otro: los repetidos capítulos de indisciplina en nuestro balompié.
Señores dirigentes: en vez de invertir millones cada año en entrenadores y jugadores que ganan más de 40 o 50 mil dólares mensuales, deberían considerar lo siguiente:
– Psicólogos deportivos que trabajen la salud mental desde las divisiones menores.
– Apoyo emocional familiar, con profesionales que visiten a los jugadores en sus hogares.
– Formación espiritual como herramienta integral para fortalecer el comportamiento y el rendimiento.
– Códigos de disciplina claros, que eviten que un jugador se vuelva incorregible por faltas reiteradas que se perdonan.
¿De qué le vale a Alianza Lima tener un súper plantel si no hay disciplina?
Hernán Barcos tuvo problemas y salió del equipo por no tolerar la indisciplina.
Este problema también afecta a la selección nacional. Casos hay varios. Esperamos que la denuncia por violación sexual se desvirtúe y se archive. En el fondo, no creemos que Zambrano, Trauco o Sergio Peña sean culpables. Pero esto debe ser una gran lección: si juegas con fuego, terminas quemándote.
El caso Dani Alves nos recuerda que se debe actuar con justicia. No se puede enviar a prisión a alguien que luego resulta inocente, como ocurrió en España.
Antes de cerrar, condenamos las agresiones sufridas por jugadores como Paolo Guerrero y Luis Advíncula. La violencia no soluciona nada. Quienes agreden en grupo cometen delitos que deben ser sancionados. Gracias por su amable lectoría y comentarios digitales.
Bendiciones para todos.
(*) Director general de canal Sintonía Te Ve.
