
La democracia peruana actual enfrenta graves amenazas organizacionales prácticamente desde la fundación de la República, profundizadas por el auge del comunismo, la pauperización intelectual, la polarización entre Lima y el sur, y el debilitamiento de las instituciones políticas fundamentales. Estos factores erosionan la confianza pública y facilitan la llegada de un caudillo destructor.
En estas elecciones, los organismos electorales han demostrado gravosa desorganización y negligencia punible, desnudando una incapacidad de regentar los entes que dan soporte democrático a la nación. Ciertamente esto es producto de una nación informal, que exhibe una cultura chicha instalada en instituciones que deberían ser más las formales y disciplinadas en la cosa pública nacional.
La educación peruana ha sido devastada. Además, la izquierda insurreccional que pretende implantar el castrochavismo tiene como eje principal y base electoral, el magisterio nacional, impregnado de puro socialismo.
Por ello, los votantes jóvenes desde 2021 se decantan por las modalidades de variopintas izquierdas peruanas como el psicópata Antauro, el castillismo duro y puro y cualquier chiflado que proponga “Asamblea Constituyente” sin haberla siquiera leído una vez. Todo ello se da por una grave ideologización de la enseñanza escolar desde kinder hasta la universidad.
Robespierre hablaba de la urgencia de la educación popular para que las tiranías no prevalecieran eternamente. Lamentablemente, los gobiernos nunca se preocuparon de la educación, y la dejaron en manos de profesores comunistas, exterminadores de la pedagogía nacional. Ciertamente, el castrochavismo ideológico es un lastre y pésimo ejemplo para las democracias en todo el hemisferio. Es visible su embustera caracterización pseudo democrática y la convocatoria de Asambleas Constituyentes creadas para instalarse en el poder por largos años, producto de una estrategia continental progresista y woke. Ofrecen un menjunje comunista con ramificaciones etnocaceristas, velasquistas y fascistas, incluido el reemplazo del catolicismo por la Pachamama y por consiguiente, la estampida de divisas y riesgo país a raudales.
Pero debemos advertir que en cada elección, padecemos este problema polarizador que intenta quebrar las libertades fundamentales aprovechando carencias de la democracia que permite postulaciones insanas ante la debilidad de nuestros sistemas operacionales de gobierno. Dios salve al Perú.
(*) Analista político