Opinión

Conservadurismo popular

Por: Juan Carlos Liendo O’Connor

¿Es el pueblo peruano conservador? El conservadurismo popular alude a la inclinación mayoritaria de la población hacia valores tradicionales –familia, fe y orden social– en la política. La sociedad peruana es considerada de las más conservadoras de América Latina; encuestas indican que no menos del 65% de peruanos se define como conservador o semiconservador, pero definitivamente son muchos más quienes comparten sus valores.

Este fenómeno tiene raíces profundas: desde el siglo XIX la Iglesia Católica y el Ejército moldearon la identidad nacional sobre pilares conservadores y populares; los hechos y las circunstancias concretas del quehacer nacional así lo verifican. Ya desde las elecciones del 2016 se advertía el auge de un “nuevo conservadurismo popular”, evidencia de un amplio sustrato ciudadano con convicciones tradicionales.

De cara la 2026, el académico, abogado y político Fernán Altuve propone dar cauce político a esa mayoría silenciosa conservadora; sostiene que sociológicamente “en el Perú existe un conservadurismo popular”, una mayoría que prioriza la familia tradicional y el orden público frente a agendas progresistas ajenas. Altuve plantea que Avanza País lidere una “derecha reformista” unificando a las diversas derechas dispersas, y sea la vanguardia centroderechista que retome reformas socioeconómicas pendientes, actuando como catalizador de los cambios que el país necesita.

Altuve señala la figura de Phillip Butters como un portavoz del sentir conservador popular; quien, harto del establishment, desarrolla una conexión auténtica con un significativo grupo de la población peruana, y que podría sumar apoyo de sectores desencantados a la medida que desarrolle un proyecto definido que garantice seguridad, prosperidad y atención a postergadas demandas sociales, sustentado en un potente equipo profesional y patriota.

El desafío está en elevar el nivel de la campaña presidencial; traducir el conservadurismo popular en propuestas sólidas exige pasar de la demagogia ideológica u oportunista a la sustancia política. La  derecha reformista  no puede limitarse a decir “no” a la izquierda; debe articular una visión de país moderna pero fiel a los valores peruanos. Impulsar desarrollo con orden, garantizar seguridad con respeto a la ley, y defender la familia sin fanatismos son ejes centrales que van a conectar con el votante común. Se trata de reemplazar la política del insulto por la política de las ideas y de la decisión firme, elevando la calidad del debate público.

La mayoría conservadora y popular bien podría convertirse en protagonista activa del poder a partir del 2026. La apuesta es que los valores del Perú profundo se traduzcan en una alternativa constructiva. De lograrse, no solo se derrotará la política del insulto: se habrá inaugurado una campaña de ideas y principios en nuestra democracia, por que sí; el Pueblo peruano es un Pueblo Conservador.

(*) Exdirector Nacional de Inteligencia (DINI)

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