Opinión

La “porquería” administrativa y la ruta del Estado conectado

Por: Alicia Barco Andrade

El Perú atraviesa, una vez más, el abismo de la incertidumbre. Pero esta vez, la crisis no nace solo de la polarización política, sino de una humillación tecnológica sin precedentes. Lo que hemos presenciado en las Elecciones Generales 2026 no es un error de cálculo; es una porquería administrativa que pone en cuidados intensivos nuestra ya frágil democracia.

Mientras el mundo discute sobre Inteligencia Artificial y gobernanza digital, en el Perú seguimos atrapados en el “limbo de las décimas” porque un camión no llegó a tiempo o porque, en pleno siglo XXI, la conectividad sigue siendo un privilegio y no un derecho habilitador. La ONPE, bajo la gestión de Piero Corvetto, ha pretendido administrar el silencio como si fuera transparencia, pero en la era de la gobernanza participativa, el ciudadano con un celular en la mano es el fiscal más implacable.

La narrativa oficial habla de un proceso “limpio y ejemplar”, pero los hechos —esos datos que no aceptan relatos— nos muestran unidades varadas, software con ADN cuestionable y un desprecio absoluto por la logística básica. ¿Cómo explicarle al elector de Pachacámac o del sur andino que su voto no cuenta porque la institución no pudo garantizar un cable de internet o un comisionado a tiempo?

Esta crisis de legitimidad tiene responsables. La tesis de dolo eventual empieza a cobrar fuerza en los pasillos legales: contratar proveedores inidóneos para la tarea más sagrada de una democracia no es ineficiencia, es una vulneración directa al contrato social.

Sin embargo, desde Barco Político no nos quedamos en la indignación. La indignación sin propuesta es solo ruido. Por eso, planteamos la “Solución País: La Ruta del Estado Conectado”.

Necesitamos una reforma estructural que entienda que la soberanía nacional hoy se defiende desde la soberanía tecnológica. No podemos depender de “cajas negras” informáticas ni de actas físicas que viajan por trochas. La implementación de Blockchain para la trazabilidad del voto y la conectividad total del territorio son las únicas herramientas capaces de arrebatarle el control a la sombra y devolvérselo al ciudadano.

El próximo 28 de julio, quien asuma la banda presidencial lo hará sobre un terreno minado por la desconfianza. Gobernar un país donde la mitad de la población siente que el proceso fue una “porquería” es una misión suicida si no se empieza por reconstruir las reglas del juego.

La paciencia ciudadana no se pide por comunicado; se gana con eficiencia. Es hora de dejar de administrar el desastre y empezar a diseñar un Estado humano, digital y, sobre todo, íntegro. El barco está en medio de la tormenta, y solo la verdad técnica nos llevará a puerto seguro.

(*) Marketing 5.0 I Análisis Político Moderno I Humanización con Propósito

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