Opinión

Playas, ¿esparcimiento o tormento?

Por: Ántero Flores-Aráoz Esparza

Para muchas personas que, en los meses de verano, se trasladan a las playas para tener unas horas de esparcimiento, relax e incluso meterse al mar con sus familias, ello, en buena cuenta, termina en un tormento. Ingresan a la playa muchísimas más personas de las que la respectiva playa puede albergar.

Al llegar a la playa en vehículo público, no hay paradero previamente determinado y el ingreso a la playa es por cualquier sitio; no hay ningún orden, ni siquiera para colocar alguna sombrilla que proteja de las inclemencias del sol.

Lo peor es que la playa, más que sucia, está inmunda, sin cumplirse ninguna regla de higiene y aseo, por lo que es muy fácil el contagio de diversas enfermedades.

Muchas personas ingresan con comidas, y los restos de ellas, así como de los utensilios y platos descartables, no tienen dónde desecharse, pues los municipios a cargo de las respectivas playas no han colocado depósitos de basura.

La seguridad brilla por su ausencia y, si alguien reclama por la carencia de salvavidas, es probable que lo crean loco.

El tema es muchísimo peor, pues tratándose de la provincia de Lima, todos quieren ir a las playas de Miraflores, Barranco y Chorrillos, cuando quienes domicilian en San Juan de Miraflores, Villa María del Triunfo y principalmente Villa El Salvador —esta última con sus propias playas— también podrían acudir a ellas, al igual que los domiciliados en distritos aledaños.

Los distritos limeños del norte, como San Martín de Porres, Independencia, Los Olivos, Comas y Carabayllo, bien podrían ir a las playas de Ventanilla, Santa Rosa, así como Conchitas y Miramar, estas dos últimas pertenecientes al distrito de Ancón.

Mucho se podría hacer por el bienestar de los veraneantes si las municipalidades en donde se localizan las playas cumpliesen con sus cometidos, pudiéndoseles sugerir que señalen el aforo de las respectivas playas, que, una vez cubierto, no podrán recibir más veraneantes hasta que existan sitios disponibles, y la disponibilidad para el aforo sea en orden de llegada. Los municipios, con su personal de Serenazgo, no deben permitir el ingreso de alimentos, pero, en todo caso, deberían tener recipientes disponibles para desperdicios, baños móviles, salvavidas y limpieza vespertina diaria de las playas localizadas bajo su jurisdicción.

Las playas sucias y que no se limpian se prestan a innumerables contagios que hay que evitar, y las municipalidades, en lugar de quejarse de quienes utilizan las playas, deberían ejercer sus atribuciones a plenitud, con lo cual los veraneantes, en lugar de soportar el tormento, gocen de sano esparcimiento, lo que es, adicionalmente, un derecho constitucional previsto en el numeral 22 del artículo segundo de nuestra Ley de Leyes, que determina que “Toda persona tiene derecho… a la paz, a la tranquilidad, al disfrute del tiempo libre y al descanso, así como a gozar de un ambiente equilibrado y adecuado al desarrollo de su vida”.

(*) Expresidente del Consejo de Ministros.

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