Opinión

Ya sabemos por quiénes no votar

Por: Ántero Flores-Aráoz Esparza

Hemos podido espectar a través de los medios televisivos y redes sociales, así como escuchar por las radios, los debates presidenciales promovidos por el Jurado Nacional de Elecciones, tarea sumamente difícil pues hay cerca de una cuarentena de candidatos a la primera magistratura de la Nación, por lo cual los tiempos requeridos tienen que ser divididos entre un número muchísimo mayor de postulantes a la Presidencia de la República que en otras ocasiones.

En lo que se refiere a la temática a debatir, ella también es amplísima, por lo que se han tenido que concertar los temas más resaltantes para circunscribirse a ellos. En efecto, se escogieron temas relevantes como la integridad pública y la lucha contra la corrupción; la seguridad ciudadana y la lucha contra la criminalidad; la educación, innovación y tecnología; el empleo, desarrollo y emprendimiento. También se enunciaron tangencialmente otros asuntos.

Si bien es cierto que la idea o motivación de los debates era confrontar las propuestas de los candidatos, el cómo hacerlo y la factibilidad de las mismas con el gran objetivo de saber por quiénes votar, lo cierto es que se ha logrado algo bastante diferente, como es conocer por quién o quiénes no se debe votar.

El asunto es sumamente importante, pues se está por elegir a quien debe conducir los próximos cinco años —a partir del cercano 28 de julio— los destinos del país y a quienes, desde el Congreso, esta vez con el regreso del bicameralismo (Cámara de Diputados y Senado), legislarán, fiscalizarán y representarán a la ciudadanía.

Si, como hemos advertido, hay candidatos presidenciales que también lo son para el Parlamento, especialmente al Senado, que es quien definirá los textos que se aprueben y los que no, esta vez la votación reviste importancia muy singular, por lo que tanto como saber por quiénes se puede votar, hay que determinar por quiénes no se debe poner el voto, pues lejos de construir ciudadanía, desarrollo, prosperidad y bienestar, son edificadores del desorden, de las malas decisiones y de hacer cada día más pobres a nuestros connacionales con sus ideas trasnochadas, populistas o simplemente irrelevantes.

Hay incluso quienes dicen que su presencia y candidaturas son para dar a conocer sus hojas de vida. Gran error: no tienen hoja de vida ni currículum, sino muchas veces prontuario y, con él, no se puede hacer patria ni menos conducir los destinos de aquella.

Como dijéramos en alguna otra columna, nos hemos topado con el festival de las pullas, en que muchos dijeron que el o los debates no sirvieron para nada. No, señores, sí sirvieron, aunque solamente para saber por quiénes no votar, ya que quienes solo saben insultar y odiar, con ello no se puede conciliar ni concertar, acciones muy necesarias para formar mayorías, aprobar leyes, hacer alianzas y formar gobiernos.

A veces un toque de humor no está de más, pero es sano humor, más no diatribas ni insultos. Algo que en lo personal nos agradó es el enunciado de varios candidatos para poner “orden” en el país. Demoraron, pero es mejor que demoren a que lo ignoren, ya que eso lo propusimos sin suerte alguna en el año 2016.

(*) Expresidente del Consejo de Ministros

 

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